"EL OPTIMISMO EFICAZ EN LIPOVETSKY"
Description
Después de la gran crisis del 2008 la literatura que engrandecía las proezas de la globalización y en específico la ideología neoliberal prácticamente de la noche a la mañana sufría los estragos de la crisis, no en la bolsa, ni en las finanzas públicas, sino en todos los elementos culturales que de ellos se siguen: educación 1, salud, bienestar, individuo, sociedad, etc., Pareciera –hoy mismo incluso- que no habría posibilidad de recuperación, lo que significa que una crisis es crisis de certidumbre sobre lo real y de las prácticas en sus múltiples determinaciones.
Por el contrario, nuestro trabajo no pretende señalar los detonantes de las crisis, sino examinar una de las formas de certeza que se desarrolló dos décadas atrás a esta hecatombe financiera. Pero no lo haremos desde un paradigma económico, ni siquiera cultural, lo haremos más bien desde la concepción. La concepción, a diferencia de la filosofía en cuanto sistema, tiene la virtud de sintetizar un modo de vida y de las prácticas que encuentran los individuos para su realización; es la forma más abreviada para llegar a un público extenso pero mediano en cuanto a la forma de percibir lo real. Sin embargo, esto no quiere decir que una concepción deje de someterse a los criterios filosóficos, dejarlo sería un grave error. Sobre este error trata nuestra investigación.
Hemos tomado como ejemplo la concepción de Lipovetsky como una más de las concepciones que dos décadas antes de la crisis del 2008 venían restaurando la certeza en la mass media según la cual la era del posmodernismo era la última determinación de un individuo autónomo capaz de autogestionar su vida privada y pública sin necesidad de los dispositivos de control. Gracias a la democracia que ve reflejada la intención en los derechos humanos; los hombres se sienten igual ante la ley y ante sus prácticas de sí. Todo el orden de lo real está dado como “optimismo eficaz” en el cual han desaparecidos las luchas de clase y los totalitarismos a favor de una pluralidad que va procesando sus intereses en derechos de distinta índole: económicos, étnicos, ecológicos, etc. Ya nada es fortuito, ni tampoco hay historia sino que en un mondo jovial y pleno de comicidad el temor a los órdenes de poder (estatal, gremial y familiar) se ha borrado en una sociedad que vive el vacío de los anteriores valores que endurecían los anteriores dispositivos disciplinarios.
De entrada asumimos que este discurso tiene como fin mantener una certeza sobre lo real a través de una concepción. Sin embargo, nuestra investigación no es directa, no pretendemos analizar lo real sin más, por el contrario, comenzamos en el capitulo primero por conocer la génesis de la concepción y los principios que la defienden como tal. Al interior del discurso una concepción mantiene tres principios: principio filosófico de carácter ontológico-gnoseológico; principio de ciencia (enunciado matemático) y principio de inmanencia (la temporalidad del orden).
Una vez que hemos trazado estos principios, conjeturamos que no todas las concepciones persiguen los mismos fines, ni están trazadas de principios filosóficos iguales, por el contrario, son de diverso corte según la gnoseología que se halle a la base: hay concepciones materialistas, idealistas y pragmáticas. La concepción de Lipovetsky es de esta última naturaleza, tanto así que en el capitulo segundo hemos realizado una genética sobre la certeza de la verdad del empirismo cuyo resultado más volátil es el pragmatismo del cual abreva nuestro autor para su concepción.
Señalado el punto departida gnoseológico en la concepción de Lipovetsky, lo siguiente fue encontrar el tercer principio inmanente de la concepción: el mundo se explica por sí mismo, es decir, a partir de la vivencia como acto de certeza de lo real, sólo que lo real se encuentra dado en principios seculares en la democracia moderna, de modo que si aplicamos la vivencia vis a vis choca de inmediato con los seculares. Los universales seculares contradicen hasta cierto punto al individuo pragmático de la democracia moderna, sin embargo, el proceso de secularización que corre a la par con su crítica se haya resuelto en un personaje muy poco citado en la literatura política, nos referimos a Stirner. El Único de nos dará la clave para superar la aparente paradoja entre individuo y categoría secular. Estos tres capítulos corresponden a la primera parte en la cual se hace un esfuerzo por ordenar los elementos de la concepción de Lipovetky, ya que propiamente nuestro autor no se toma la molestia en ordenar su propio discurso y no lo hizo por cuestiones políticas datadas en 1976.
En la revista filosófica L’ arc (#64, 1976) Lipovetsky comienza sus proezas literarias frente a rivales de considerable tamaño: Bataille, Foucaul, Deleuze, Lyotard, Girard entre otros, sólo que frente a sus contemporáneos que ya habían diseñado su propio sello filosófico, nuestro joven autor comenzaría con Tocqueville para resinificar lo cultural de la democracia moderna sin ni siquiera poner la nariz frente a los avances de sus colegas, de modo que una vez que se echa en brazos de Tocqueville no hay poder que lo convenza frente a los augurios del padre de la sociología y la democracia moderna. Y en este punto de partida fortificará su discurso encerrado en una concepción. Esta peque reseña nos permite saber del por qué Lipovetsky se desentiende en sus escritos tanto de Foucault como de Deleuza. Todo el discurso de los dispositivos de control como la hermenéutica de Deuleuza se halla en mutismo y sin embargo presupuesto en su optimismo, pareciera que corre a contrapelo para censurar el avance que alguna vez compartió con sus colegas. No obstante, una vez que hemos indicado -en la primera parte de nuestro trabajo- los elementos que nutren su concepción, la segunda parte se explica por sí misma.
En esta segunda parte, hicimos efectivo el enfrentamiento que hay entre orden y ruina que desde luego se encuentra censurado por nuestro autor, y sin embargo corre paralelo a la producción de sus obras y de la autoridad que ha tomado para configurar su concepción optimista del mundo. En este tenor, introducimos a Calasso quien pareciera ser el antídoto adecuado para el optimismo eficaz. No acudimos a Foucault ni a Deuleuza por las razones mencionadas, pero encontramos en Calasso toda aquella materia de la ruina y de los Dobles a los cuales no opone ninguna resistencia el optimismo eficaz de Lipovetsky, y allí -para no importar elementos ajenos en tiempo y espacio- llevamos la discusión para ver hasta dónde autor y obra son consecuentes.
No sólo Tocqueville y Lipovetsky son consecuentes con la democracia sino que encuentran su traba con autores que corren paralelos a sus obras y que jaquean cada una de sus tesis ya no digamos del lado positivo sino su necesaria conexión con lo existente: así encontramos en Toqueville enfrentado a Marx, el individuo psi con el único de Stirner, Lipovetsky enfrentado a Calasso. Con esta teoría de los Dobres arrojada por la historia y examinada por Calasso aseguramos inteligibilidad para mantener un diálogo equilibrado con nuestro autor.
El diálogo reflejado en la segunda parte de este trabajo consiste en admitir que lo que dice Lipovestky y Toqueville es cierto, nuestra posición exconcesis consiste en no contradecir a los defensores de la democracia moderna sino en señalar la interpretación que tienen de democracia y sus fundamentos que no contradice ni a la libertad liberal ni al dominio del capital sobre el orden del mundo: sólo lo corrobora, de cómo lo hace, trata la segunda parte que de igual forma tiene tres capítulos, mientras que en la conclusión se despecha definitivamente la función de la concepción que hemos llamado optimismo eficaz pare explicar y hacer ver que mientras más alejado se encuentre un discurso de la filosofía más vulnerable es a sus críticas.
Con este trabajo no hicimos otra cosa que asegura la sentencia de Grenwood al poner de manifiesto <<que estas dos últimas décadas los sociólogos se la han pasado más haciendo concepciones a favor de una economía como lo es el neofordismo o neoliberalismo que aquella tarea de predecir la siguiente crisis y sus resultados>>, lo cual Lipovetsky no es ajeno, más bien es el caso típico que al despreciar a la historia se ha encontrado con que él es parte de la historia de los Dobles. Ironía o aberración, este juicio es del lector.
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