Un varón de 66 años con adenocarcinoma próstata estadio iv, Gleason 8 (5+3), diagnosticado hacía 11 años, tratado con prostatectomía radical, radioterapia pélvica, hormonoterapia y quimioterapia, que presentaba 2 placas infiltradas, de consistencia pétrea, de distribución lineal, en ambas mamas, la de mayor tamaño en la mama izquierda, constituidas por lesiones papulosas, de tonalidad amarillenta, de aproximadamente un año de evolución con crecimiento progresivo. El paciente refería induración de ambas mamas en los últimos años, que había sido interpretado como ginecomastia en relación con el tratamiento hormonal. El paciente estaba en seguimiento en oncología, presentando elevación progresiva del PSA en sangre en los últimos meses (PSA 7,45ng/ml en la última determinación días antes de la consulta; PSA 3,38ng/ml hacía 2 meses). Se realizó biopsia cutánea de ambas placas, que mostró una tumoración de células de aspecto «epitelioide», poco diferenciada con técnicas de rutina, que tenía un patrón de crecimiento difuso. El estudio inmunohistoquímico (tabla 1) fue positivo con AE1-AE3, con PSMA 3E6, con e-caderina, con receptores de andrógenos y con fosfatasa ácida prostática (esta última en menor número de células tumorales). Estos hallazgos apoyaban fuertemente el diagnóstico de metástasis cutáneas de adenocarcinoma de próstata, descartando un tumor primario de mama. Tras el diagnóstico de las metástasis cutáneas, y ante el empeoramiento de las metástasis óseas, se reinicia tratamiento con quimioterapia, con mala evolución y exitus del paciente un año después.