Presentamos el caso de un hombre de 62 años que consultó para un chequeo prostático. Presentó un PSA de 7 ng/ml. Se realizó un tacto rectal correspondiente a un estadio clínico T2a. Se solicitó biopsia de próstata. El resultado de la misma fue un adenocarcinoma de próstata Gleason 4 + 3 = 7 con invasión linfática y vascular, 4 cilindros positivos de 12. El volumen más alto de los mismos fue de un 40%. Lo clasificamos en el grupo intermedio de la tabla D’Amico-ISUP.
Se solicitó gammagrafía ósea corporal total y tomografía de tórax, abdomen y pelvis, sin evidencia de signos secundarios. Se clasificó como T2N0M0. El paciente rechazó la prostatectomía radical y la radioterapia externa. Se realizó una braquiterapia con Iodo 125 con implantes satisfactorios. El paciente presentó buena evolución inicial.
El nadir de PSA fue de 1,5 ng/ml a los 3 años. Al cuarto año, el PSA aumentó a 3,8 ng/ml. Por ese motivo se realizó un nuevo tacto rectal y se observó una induración prostática. El paciente fue re-estadificado. La gammagrafía ósea y la tomografía computada fueron negativas para secundarismo. Se realizó una nueva biopsia, la cual mostró la aparición de un adenocarcinoma de próstata con invasión linfática y vascular, 6 cilindros positivos de doce, puntaje Gleason 4 + 4 = 8.
Según la clasificación de D’Amico-ISUP este paciente migró al grupo de alto riesgo, por lo tanto se realizó una prostatectomía radical abierta de rescate más linfadenectomía sin complicaciones. La patología definitiva mostró margen positivo pT4N0M0, infiltración de la pared vesical y puntuación Gleason 4 + 4 con efecto radiante.
El PSA al mes de la cirugía fue de 0,1 ng/ml. A los 3 meses el PSA fue de 6 ng/ml, por lo que se volvió a examinar al paciente con un tacto rectal donde se objetivó una masa palpable. Se realizó una resonancia magnética que mostró una masa retrovesical de 3 cm. Se indicó bloqueo hormonal con acetato de leuprolide con remisión de la masa. A los tres meses, el PSA fue de 0,1 ng/ml y la testosterona menor de 0,5 ng/ml.
Presentó chequeos regulares sin signos de enfermedad durante dos años, hasta que manifestó repentinamente diplopía y parálisis del VI par craneal. Se solicitó resonancia magnética cerebral con contraste, encontrándose metástasis cerebrales. Se inició tratamiento con corticoides y radioterapia cerebral. No se encontraron segundas neoplasias en análisis de sangre, exploración física ni tomografía de tórax, abdomen y pelvis con contraste intravenoso. El paciente ingresó con síntomas de psicosis y falleció a las 96 horas.