Varón de 68 años, con índice de masa corporal de 31,2, diagnosticado de cáncer de próstata estadio T2a durante el cribado, con un antígeno prostático específico (PSA) de 3,18 ng/mL. Presentaba antecedentes personales de hipertensión arterial, diabetes mellitus, hiperlipemia, miocardiopatía y cirrosis hepática.

Antes de la cirugía se colocaron vendaje espiral y dispositivos de compresión intermitente en ambas extremidades inferiores como profilaxis de trombosis venosa profunda. Tras anestesia combinada general y espinal, el paciente fue colocado en posición de Trendelenburg y sometido a prostatectomía radical laparoscópica extraperitoneal con preservación nerviosa bilateral. La presión arterial al inicio de la anestesia fue de 150/80 mmHg, manteniéndose por debajo de estos valores durante toda la intervención. El tiempo quirúrgico fue de 360 minutos, con una pérdida sanguínea estimada de 1.000 mL, producida durante el control de los pedículos vasculares y la disección del paquete neurovascular. El estudio anatomopatológico mostró una próstata de 55 g con adenocarcinoma estadio T2a, Gleason 6, con márgenes quirúrgicos negativos.

En el primer día posoperatorio el paciente comenzó con entumecimiento y dolor en la pierna derecha, que se encontraba inflamada y blanda a la palpación. Los pulsos pedios eran palpables bilateralmente. Ante la sospecha de trombosis venosa profunda se solicitó ecografía Doppler, que mostró permeabilidad del sistema venoso profundo. La creatinina sérica fue de 3,2 mg/dL y la creatina fosfocinasa alcanzó valores de 23.000 U/L. A pesar del Doppler normal, se diagnosticó trombosis venosa profunda con rabdomiólisis secundaria e insuficiencia renal, iniciándose tratamiento con heparina.

En los días posteriores, aunque los pulsos pedios permanecían presentes y los valores de creatinina y creatina fosfocinasa mejoraban, el paciente presentó empeoramiento del dolor intermitente. Se repitieron estudios Doppler, que descartaron trombosis venosa profunda y evidenciaron un patrón de alta resistencia en las arterias tibiales derechas. Se indicó fasciotomía de los cuatro compartimentos de la pierna por síndrome compartimental. Durante el procedimiento los músculos protruyeron tras la sección de la fascia, observándose áreas de necrosis focal que fueron resecadas. En el postoperatorio el dolor disminuyó progresivamente y el paciente pudo deambular con ayuda. Las heridas se cerraron a los 14 días de la fasciotomía.

Seis meses después de la prostatectomía radical laparoscópica, el paciente había recuperado la deambulación sin ayuda, aunque persistía dolor neuropático en el empeine del pie derecho. El PSA se mantenía por debajo de 0,04 ng/mL. Presentaba incontinencia urinaria de esfuerzo leve, con uso de pañal diario, y no había recuperado la función sexual.
