Paciente de 54 años que acudió a la consulta por elevación de las cifras del PSA. Se recomendó tratamiento antibiótico y nuevo análisis posterior. Tras un resultado de PSA 8 ng/ml se aconsejó realizar una biopsia prostática. El resultado anatomopatológico fue de adenocarcinoma de próstata Gleason 3+3=6, confirmándose enfermedad localizada mediante resonancia magnética nuclear. Como antecedentes de interés destacaban cirugías previas de apendicectomía y herniorrafia inguinal.
Se propuso tratamiento quirúrgico mediante prostatectomía radical retropúbica con linfadenectomía pélvica bilateral extendida, cursando la intervención sin incidencias. La glándula prostática pesó 99 g y midió 6,8 × 5,0 × 4,9 cm, era piriforme, de superficie anfractuosa y de color pardo; al corte, fue de consistencia firme, sólida y de color café.
Durante los primeros días presentó picos de fiebre de hasta 38,1 ºC y sintomatología de íleo paralítico postoperatorio con un vómito abundante el segundo día, por lo que se suspendió la tolerancia oral iniciada el primer día. El cuarto día se realizó radiografía de abdomen, observándose gas en marco cólico y niveles hidroaéreos en colon derecho. Se planificó el alta para el octavo día dada la evolución satisfactoria.
El séptimo día presentó un cuadro de dolor en flanco derecho y enrojecimiento de la zona con fiebre de hasta 39 ºC. Se realizó tomografía computarizada de abdomen que mostró una colección líquida con abundante gas de localización retroperitoneal, por detrás de las porciones duodenales segunda y tercera, acompañada de mínimo neumoperitoneo, así como diverticulosis a nivel del colon descendente y sigma. Ante estos hallazgos se sospechó perforación duodenal retroperitoneal con cuadro infeccioso, optándose por tratamiento conservador. Se colocó drenaje en la colección mediante ecografía, obteniéndose cultivos del líquido con crecimiento de Staphylococcus haemolyticus y Candida albicans.
Durante todo el ingreso permaneció con tratamiento antibiótico empírico y dirigido según cultivos. Se colocó una sonda nasogástrica y se sustituyó la alimentación oral por nutrición parenteral. El seguimiento de la colección se realizó mediante ecografía, confirmándose la estanqueidad intestinal con uso de contraste en un tránsito gastroduodenal a los 30 días de la colocación del drenaje, iniciándose posteriormente la tolerancia oral. Tras buena tolerancia a la ingesta y estado apirético, se retiró el drenaje y se dio el alta médica tras 45 días desde la intervención.
Los cortes histológicos demostraron que el 90% de la lesión era malacoplaquia con un foco de adenocarcinoma de 5 mm. A mayor aumento, las glándulas tumorales mostraban patrón de Gleason 3 + 4 (ISUP 2), similares a las vistas en las biopsias transrectales. Asimismo, el estroma mostró acumulaciones de histiocitos fusiformes, acompañados de infiltrado inflamatorio mixto, con linfocitos y leucocitos polimorfonucleares. Focalmente y a mayor aumento, el citoplasma de algunos macrófagos era amplio y eosinofílico (células de von Hansemann) con calcificaciones pequeñas y redondas, que correspondían a cuerpos de Michaelis-Gutmann y resaltaban con la tinción de von Kossa. Con estudio de inmunohistoquímica, los histiocitos que conforman la malacoplaquia fueron positivos a CD68 y a CD163.
A los 2 meses postcirugía el antígeno prostático específico resultó en 0,0 ng/ml y así se ha mantenido hasta su última visita en febrero del 2019, permaneciendo asintomático con PSA indetectable.
