En nuestro caso se trata de una mujer de 78 años con antecedentes de cáncer basocelular y de endometrio (tratados y en seguimiento), artritis reumatoide en tratamiento con metotrexato semanal, hipertensión arterial e hipercolesterolemia. En abril de 2020, ingresa en nuestro hospital con síntomas de una semana de evolución en tratamiento domiciliario con azitromicina 500 mg/24 h durante 6 días. Se le realiza PCR SARS-CoV-2, siendo positiva. En el día +9, se inician bolos de metilprednisolona 250 mg/24 h 5 días, tras lo cual se realiza una radiografía observando un aumento de los infiltrados en ambos pulmones y la paciente refiere episodio de taquipnea. En el día +18, se obtienen niveles elevados de: IL-6, PCR, ferritina y dímero-D, por lo que se administra tocilizumab 400 mg dosis única. Sin embargo, empeora su situación clínica (día +20) y se decide administrar anakinra (200 mg día 1, 100 mg/24h días 2-5). Aunque la analítica mejora, no se observa gran mejoría clínica ni radiológica, se consensua con el Servicio de Farmacia (día +29) tratar a esta paciente con baricitinib 2 mg durante 10 días. Una vez finalizado el tratamiento sin reacciones adversas con baricitinib, la paciente presenta mejoría clínica y analítica y no se detecta ADN/ARN de SARS-CoV-2 en exudado nasofa-ríngeo. Aunque, presenta disnea de esfuerzos y saturación basal en torno a 84% (bien tolerada) por lo que sigue precisando oxigenoterapia suplementaria. En la tomografía computarizada de tórax se observan bronquiectasias y neumopatía intersticial, de posible relación con la enfermedad o efectos secundarios debido a los tratamientos administrados: metotrexato, tocilizumab, anakinra o baricitinib. En el día +47, la paciente es dada de alta asintomática, afebril desde hace más de 72h, sin tos, ni desaturación.