Describimos un caso clínico de un paciente masculino, de 87 años de edad, con antecedentes de hipertensión arterial, insuficiencia renal crónica, enfermedad cerebrovascular, que es llevado a urgencias por presentar, según los familiares, una somnolencia excesiva y postración de una hora de evolución, orientándose inicialmente como un accidente vascular encefálico que afectó el territorio de la circulación cerebral posterior. Al no presentar una evolución clínica típica y al no haber hallazgos significativos en los estudios complementarios realizados, se revisa la historia clínica, se evalúa el caso nuevamente y se plantea el diagnóstico de una miastenia gravis. Ésta es la enfermedad crónica más frecuente en la unión neuromuscular, de origen autoinmune, y cuyos síntomas característicos son la debilidad y la fatigabilidad muscular, que afectan sobre todo a músculos faciales y proximales y que se exacerban con la actividad física. Sin embargo, es un diagnóstico que se tiene presente pocas veces en la práctica habitual, a pesar de que su incidencia se encuentra en aumento y constituye una patología emergente, especialmente en la población mayor. La MG es la única consideración diagnóstica en un paciente con ptosis palpebral fluctuante, e indolora. No obstante, cuando debuta con otra sintomatología, puede simular múltiples enfermedades, con muy diversos tratamientos y pronósticos. Según la incapacidad de los grupos musculares involucrados y su progresión, se han desarrollado diferentes clasificaciones de la MG, con implicaciones pronósticas para cada caso. El diagnóstico de la MG es clínico y se confirma mediante la realización de pruebas serológicas, farmacológicas y electrofisológicas, con la ayuda de otros exámenes complementarios para descartar patologías asociadas. Desde los años 30, se han desarrollado nuevas terapéuticas eficaces con disminución significativa de la morbilidad y mortalidad por esta enfermedad.