Paciente femenina de 52 años de edad que acude a la consulta refiriendo dolor en el primer cuadrante. A la exploración se observa que la pieza 14 presenta un tratamiento endodóntico que ha quedado sin llegar al ápice, mientras que la pieza 15 tiene una reconstrucción filtrada que ha afectado a la pulpa. Se realizan ambos tratamientos, una reendodoncia del 15 y una endodoncia en 14. La paciente rechaza portar una corona en ninguno de los dientes siendo consciente del riesgo de fractura ante la magnitud de las reconstrucciones que se realizaron.

Dos meses y medio más tarde la paciente vuelve a consulta por molestias de nuevo en el primer cuadrante, pero esta vez de menor magnitud. A la exploración se observa una fractura vertical del 15 con desplazamiento, procediéndose a su retirada. Se esperaron 2 semanas por deseo de la paciente antes de empezar el tratamiento, tiempo en el que el epitelio palatino mejoró su cicatrización.

Se procede a la decoronación del 15 llegando a dejar únicamente la raíz, en la cual se realiza una hemisección, retirando de la manera más atraumática posible la porción palatina de la misma junto a su parte apical, ya que es en esta donde se concentra el cemento celular, llamado así por la presencia de cementocitos en su superficie, que lo distingue del resto del cemento acelular por su ausencia. 

Siempre que existe una lesión periapical se origina desde la única zona celular presente en la misma, la raíz. Es por este motivo por el que extraemos esta parte, disminuyendo el riesgo significativamente de infecciones derivadas de las células presentes en esta porción de la raíz. Se respetó el festoneado gingival, permitiendo que la integridad de la encía queratinizada ofreciera una protección extra a nuestro tratamiento.

Una vez comprobada la integridad del escudo alveolar, asegurándonos de la ausencia de movimiento, y su correcto desgaste hacia apical, dejándolo ligeramente infracrestal para ayudar en la prevención de la reabsorción crestal, en sentido corono-apical, nos centramos en la longitud de la raíz extraída (13 mm) para poder seleccionar el implante más adecuado en longitud. Iniciamos nuestra secuencia de fresado con un implante Unitite de S.I.N de 3, 5 X 11, 5 mm (buscando la correcta paralelización y un anclaje mas hacia palatino, permitiéndonos un espacio o gap entre nuestro implante y el escudo alveolar.

Una vez que hemos extraído la raíz, eliminado la gutapercha de sus conductos, y limpiado completamente toda su superficie, procedemos a tratar mecánicamente los fragmentos obtenidos, libres de la hidroxiapatita del esmalte, para intentar buscar la mejor granulometría posible. Para este fin se empleó un machacador de hueso y se realizaron varios impactos con martillo quirúrgico hasta obtener la dentina en polvo. Dentro de la dentina se busca liberar las BMPs y el colágeno tipo 1 que se encuentran en forma cristalizada 8. El principal problema es el tamaño de la partícula obtenida en el molido, ya que con certeza sabemos que no se encuentra entre los 0,4-0,8 mm necesarios para su correcta asimilación por parte del organismo. Factores que disminuirán también el aporte correcto de BMPs y colágeno tipo 1 serán:
Traumatismo de los fragmentos.
Recalentamiento.

Para mejorar el pronóstico de nuestro tratamiento humectamos la dentina molida con una mezcla de antibiótico que inhibe las betalactamasas de las bacterias resistentes a la penicilina, se trata de la asociación de piperacilina y tazobactam que, vehiculizada mediante ácido hialurónico, el cual es empleado en procesos regenerativos y tiene una reabsorción total por parte del organismo, nos permite manejar la mezcla de manera más cómoda y llevarla al alveolo, donde la introducimos en el gap existente entre implante y escudo alveolar, y cubrimos con esponjas de fibrina, realizando puntos colchoneros horizontales y dejando que cicatrice por segunda intención.
