﻿Una mujer de 28 años, sin antecedentes médicos, reportó tos seca, congestión nasal, fatiga, mialgias y artralgias, sin fiebre. Las pruebas de coronavirus resultaron positivas. Como se sentía en buen estado, se le recomendó confinamiento domiciliario. Cuatro días después reportó diarrea, ageusia y anosmia. Durante los días siguientes empezó a sentirse mejor, pero con tos seca persistente, ageusia y anosmia. Los primeros cuatro días solo tomó paracetamol, sin otros fármacos. Trece días después de las pruebas (10 días después de la última dosis de paracetamol), la paciente empezó a notar lesiones pruriginosas en ambos talones; al mismo tiempo, observó pápulas eritematosas amarillentas en ambos talones, sin otras lesiones cutáneas. Afirmó no llevar medias o zapatos apretados ni ningún otro tipo de presión local que pudiera explicar la distribución de las lesiones. Se le recomendó un tratamiento local con corticosteroides. A pesar del tratamiento, tres días después, las lesiones persistían y pasaron a placas eritematosas endurecidas y pruriginosas. En ese momento, en el diagnóstico diferencial se consideró urticaria, vasculitis urticarial, hidrosadenitis plantar idiopática y dermatosis neutrofílica. Sin embargo, no se practicó ninguna biopsia.
