Anamnesis
El envenenamiento por pez león (Pterois volitans) es un motivo excepcional de consulta en las Urgencias de nuestro país. Sin embargo su presencia en acuarios domésticos es cada vez más habitual, ante lo cual conviene conocer la clínica y el manejo de dicho envenenamiento para evitar complicaciones potencialmente peligrosas.
Un varón de 34 años sin antecedentes médico-quirúrgicos de interés acudió a urgencias tras haberse puncionado una hora antes el tercer dedo de la mano derecha con una espina de pez león. La punción se produjo mientras limpiaba el acuario doméstico donde el pez se encontraba. Inmediatamente tras la misma, comenzó con intenso dolor y edema a nivel de dicho dedo, que rápidamente progresaron hasta tercio distal del brazo. No presentaba náuseas, vómitos u otra sintomatología sistémica, y se encontraba hemodinámicamente estable y afebril.

Exploración física
A la exploración física destacaba un importante edema de la mano derecha, así como la presencia en pulpejo del tercer dedo de dicha mano un área cianótica mal delimitada. No se observaron remanentes de espinas, sangrado activo, ni otros lugares de punción. No presentaba otros datos de infección local. Se palpaban los pulsos a todos los niveles y el paciente conservaba tanto la movilidad activa como la pasiva de articulaciones de la mano.

Pruebas complementarias
Se realizó una analítica urgente con hemograma, hemostasia y bioquímica básica que resultaron normales.

Diagnóstico
Envenenamiento por pez león.

Tratamiento
Se pautó analgesia con petidina 50 mg subcutánea y lavados en agua a 50oC con povidona yodada jabonosa. Dado que el paciente no recordaba si había completado la correcta profilaxis antitetánica, se administró dosis de recuerdo de la misma.

Evolución
Tras la inmersión intermitente en agua caliente durante 120 minutos el paciente refirió gran mejoría del dolor. Dado que había permanecido estable durante la observación en Urgencias, se decidió alta con recomendaciones y tratamiento sintomático. A la semana se reevaluó al paciente, quien presentaba únicamente una costra superficial en el pulpejo del tercer dedo de la mano, sin áreas de necrosis ni pérdida de sustancia asociadas.