﻿Hombre de 62 años con asma eosinofílica grave, en tratamiento con benralizumab desde julio de 2018. Anteriormente, había recibido tratamiento con omalizumab y mepolizumab, interrumpido a causa de una escasa respuesta. Por lo que respecta a la comorbilidad, tenía apnea del sueño, rinosinusitis crónica con pólipos nasales, bronquiectasia y obesidad (índice de masa corporal 33 kg/m2). No cumplía criterios para síndrome mixto de asma y EPOC. El 25 de marzo el paciente presentó tos, fiebre y esputo más oscuro y denso de lo habitual, de modo que se automedicó con levofloxacina (500 mg durante 3 días). A causa de la falta de mejora de los síntomas, fue atendido en un centro de atención primaria, donde se le realizó una radiografía torácica que mostró opacidades periféricas y bilaterales, más evidentes en las áreas pulmonares media e inferior, compatibles con neumonía por COVID-19; se le remitió al servicio de urgencias. Un familiar, que vivía con él, tenía los mismos síntomas. Las pruebas adicionales revelaron linfocitopenia con un aumento de los valores de LDH, proteína C-reactiva, dímero D y fibrinógeno y una pO2 basal de 59 mmHg. Se presupuso un diagnóstico de neumonía por SARS-CoV-2, teniendo en cuenta el contexto epidémico, los síntomas, los resultados analíticos y radiológicos y de acuerdo con las recomendaciones de las autoridades españolas en ese momento. El paciente pidió el alta voluntaria. Se le colocó en aislamiento doméstico, con supervisión de su médico de cabecera. El paciente fue tratado con azitromicina (500 mg durante 3 días), hidroxicloroquina (200 mg dos veces al día durante 5 días) y amoxicilina/ácido clavulánico (875/125 mg durante 7 días). Una semana después, no presentaba síntomas y completó 14 días más de aislamiento.

