Mujer de 55 años, diagnosticada en 2001 de carcinoma de mama derecha y tratada con tumorectomía, linfanedectomía axilar, radioterapia adyudante y quimioterapia hormono-dependiente con tamoxifeno durante cinco años. En febrero de 2017 presentó recidiva, con una masa de 40 x 15 mm adherida a plano profundo y mal delimitada, que infiltraba el músculo pectoral, sin afectación clara de adenopatías, que recibió el diagnóstico histopatológico de carcinoma ductal infiltrante de alto grado, grado 3, receptores hormonales negativos, HER2 positivo 3+; Ki64: 45 %. Se instauró tratamiento con seis ciclos de quimioterapia neoadyuvante con doxetacel/carboplatino + trastuzumab + pertuzumab, con mastectomía posterior.
En el seguimiento posterior quedó referida mucositis oral y cefalea tras dos ciclos y se indicó seguir hasta completar los seis programados. Tras el quinto ciclo, la paciente refirió pérdida de visión en el ojo derecho (OD) y persistencia de cefalea desde el inicio, por lo que previamente a la última sesión se cursó interconsulta a Oftalmología.
En la exploración oftalmológica se certifica la disminución de la agudeza visual (AV) en el OD a 0,4, sin referir cambios en el ojo izquierdo (OI). No había alteraciones de los reflejos fotomotores ni de la musculatura extraocular. En la biomicroscopía anterior se observa: paciente fáquica con cristalino trasparente, sin otros datos de interés. Al atender al fondo de ojo, se aprecia edema de papila bilateral, más marcado en el OD, y leve ingurgitación venosa bilateral.
Los hallazgos fueron compartidos con los oncólogos y se realizó una exploración neurológica y una resonancia magnética nuclear, en las que no se encontró ningún hallazgo patológico.
Dado el diagnóstico y la respuesta positiva que había experimentado la paciente, se acuerda completar el sexto ciclo (un día tras la exploración oftalmológica) y hacer seguimiento durante los meses siguientes. Diez días después, se mantiene la clínica visual, con aparición de fluido subretiniano subfoveal que podría ser responsable de la clínica en el OD. No se observa fluido en el OI.
Tras 25 días del último ciclo, se observa mejora del edema papilar del OD, aunque persiste ligeramente en el OI con cambios de cronicidad. La AV mejora hasta 0,6 en el OD y permanece en 1,0 en el OI. La OCT no muestra la presencia de fluido subretiniano, aunque sí un moteado en la línea de los elipsoides a nivel subfoveal, que puede ser secundario a la presencia de fluido subretiniano.

Ya sin tratamiento quimioterápico, la paciente ha ido mejorando progresivamente su visión, aunque la del OD presenta disminución leve en la percepción del color. La paciente seguirá con los ciclos de tratamiento que se indicarán según los estudios oncológicos. Se establece vigilancia oftalmológica para minimizar la repercusión de estos efectos adversos, si su estado lo permite.