Varón, 60 años, antecedentes de retraso mental leve, hipertensión y epilepsia en tratamiento con enalapril y valproico. Consulta por malestar general y oliguria en las últimas 48 horas. Refiere diarrea acuosa de características no enteroinvasivas y dolor abdominal leve, sin fiebre, molestias urinarias, dolor torácico, tos ni disnea. Exploración, cognición conservada, eupneico sin aporte y tolerando decúbito, destacando soplo holosistólico polifocal 4/6 y tenues crepitantes bibasales. Abdomen anodino, miembros sin edemas, leve deshidratación e IY a 45o. TA 70/45 mmHg, FC 80 lpm, afebril. Analítica urgente: destaca creatinina 1.2 mg/dL, BT 0.7 g/dL , GPT/GPT 1020/800 mg/dL, GGT 600 U/L, LDH 300 U/L, BNP 670 pg/mL, PCR 40 mg/L (normal 0-5). Lactato venoso 5 mmol/L, pH 7.15. Sin anemia ni plaquetopenia, leve leucocitosis con neutrofilia. INR 3.8, TP 30%.
Se inicia antibioterapia con ciprofloxacino y resucitación con fluidos, sin mejoría tensional, permaneciendo en anuria. Ingresa en UCI bajo el diagnóstico de shock séptico de probable origen abdominal (GEA), y hepatitis isquémica y coagulopatía en dicho contexto. Se escala antibioterapia a meropenem y se añaden drogas vasoactivas (noradrenalina) a dosis altas, con mínimo repunte tensional y sin diuresis.
En este momento se reevalúa al paciente: nuevo control analítico, con troponinas elevadas en rango de isquemia (no solicitadas inicialmente), electrocardiograma con onda Q patológica en cara inferior, y ecocardiografía transtorácica, que muestra aquinesia septoapical, septal y comunicación interventricular secundaria que condiciona disfunción ventricular izquierda severa. Se contacta con Cirugía Cardiovascular, que desestima intervención dada la extensión de las lesiones, considerándolas irreparables. El paciente fallece 32 horas después, bajo medidas de confort.