﻿Una niña de 5 semanas, nacida a término, con antecedentes de hidronefrosis y duplicidad renal, pero por lo demás en buen estado de salud, fue llevada al servicio de urgencias del Kaiser Permanente del norte de California en San Francisco, en marzo de 2020, con síntomas de fiebre de 38 °C y somnolencia, sin disnea. Se había alimentado mediante lactancia materna sin problemas, su diuresis era normal y, en general, presentaba una actividad normal. La paciente había tenido contacto con individuos enfermos, incluido su padre, que también acudió a urgencias con fiebre, mialgia, tos leve, rinitis y faringitis de cinco días de evolución, sin disnea. El padre refirió anosmia y ageusia. Había acudido previamente a urgencias, cuatro días antes, con los mismos síntomas y se le había administrado un tratamiento sintomático con oseltamivir. El padre no había tenido contactos conocidos con individuos enfermos, pero trabaja en una instalación de atención a clientes en hostelería. A causa de la hospitalización de la paciente, se realizó una prueba de SARS-CoV-2 al padre. La madre informó que, posteriormente, ella también había presentado síntomas muy similares, con fiebre, mialgia, síntomas en las vías respiratorias altas, anosmia y ageusia. 

A la exploración física inicial, la niña tenía fiebre con una temperatura de 38 °C y taquicardia con un pulso de 179 l.p.m. Por lo demás, la paciente presentaba buen aspecto y no se observaron signos focales de infección. En concreto, su frecuencia respiratoria era normal y los pulmones parecían normales. Un hemograma completo mostró leucopenia (3.000 células/μL), linfopenia (1.050 células/μL), neutropenia (1.000 células/μL), anemia normocítica (hemoglobina 10,6 g/dL, hematocrito 31,4%, volumen globular medio 94 fL) y recuento de trombocitos normal (204 x 103 células/μL). A causa de la edad de la niña y del cuadro de fiebre sin foco en una situación de leucocitopenia, se procedió a una evaluación completa de infecciones. Un análisis de orina mostró pequeñas cantidades de hemoglobina y proteína, pero por lo demás los resultados fueron normales. El valor de proteína C-reactiva no era elevado. Se realizó una punción lumbar, pero los resultados de los estudios del líquido cefalorraquídeo (LCR) fueron irrelevantes. Los hemocultivos, urocultivos y LCR no mostraron crecimiento de organismos bacterianos. Teniendo en cuenta los síntomas respiratorios de los padres, se hicieron pruebas de RT-PCR para gripe y virus sincitial respiratorio, con resultado negativo. Como la paciente no presentaba síntomas respiratorios, no se le hizo ninguna prueba inicial de SARS-CoV-2. 

En la consulta inicial, la niña recibió 20 ml/kg de bolo salino normal y tratamiento sintomático. A las pocas horas de hospitalización, los resultados de la prueba de su padre dieron positivo para SARS-CoV-2; luego, se envió una combinación de frotis orofaríngeo y nasofaríngeo bilateral (en tres sitios para aumentar la sensibilidad) de la paciente para una prueba de amplificación cualitativa de ácido nucleico de SARS-CoV-2 (Roche cobas 6800/8800), que dio resultado positivo ese mismo día. Al mismo tiempo que se enviaba la muestra para la prueba de SARS-CoV-2, se puso a la paciente bajo protección de contacto y de gotículas, con protección ocular. Se le aplicó un tratamiento sintomático con ceftriaxona i.v., teniendo en cuenta su leucocitopenia y el alto riesgo de infección urinaria, pero se retiró después de que los hemocultivos y los urocultivos, obtenidos antes de la administración del antibiótico, no mostraran crecimiento a las 24 horas. Se le administró acetaminofén como antipirético y para alivio del malestar. La niña continuó lactando, con la madre protegida por una mascarilla. La niña presentó una evolución clínica muy leve, con remisión de la fiebre a las 30 horas de hospitalización. Se observó tos seca intermitente al llorar, pero por lo demás no presentó aumento del esfuerzo respiratorio ni dificultad respiratoria y no necesitó oxigenoterapia. Se le dio de alta del hospital al tercer día, con instrucciones para la familia de aislarla hasta pasados siete días del inicio de los síntomas o cuando no presentara ningún síntoma durante tres días. Se indicó a los padres que fueran los únicos cuidadores de la niña, a causa de la información disponible acerca del mantenimiento prolongado de la carga vírica en las heces de los niños.
