Mujer de 81 años remitida a nuestra Unidad de Oncología Ocular por la aparición de una tumoración coroidea en su ojo izquierdo (OI). Entre los antecedentes personales de interés destacaba una osteoporosis en tratamiento con bifosfanato semanal (actonel), calcio y vitamina D, y una artritis reumatoidea en tratamiento con metrotexato y ácido fólico. No presentaba antecedentes oftalmológicos de interés.
En la exploración se constató una agudeza visual de 0,5 en el ojo derecho (OD) y de 0,3 en el OI. La biomicroscopía de ambos ojos mostraba una catarata nuclear que justificaba la disminución de la agudeza visual. En cuanto al OI, era patente una hiperemia conjuntival con ingurgitación de los vasos. La presión intraocular (PIO) era de 16 mmHg en su OD y de 19 mmHg en su OI. Presentaba una cámara estrecha en el OI respecto a su OD.
En la exploración orbitaria se evidenció un discreto exoftalmos izquierdo, con discreto edema palpebral y macroscópicamente era más patente la hiperemia conjuntival, con ingurgitación muy exacerbada de los vasos conjuntivales (vasos en «tirabuzón», con aspecto en «cabeza de medusa»), con buena motilidad del globo ocular.
No se encontró frémito a la palpación de la órbita ni un soplo audible a la auscultación de la órbita izquierda.
En la exploración del segmento posterior, se observó a nivel nasal periférico una lesión tumoral sobreelevada, cupuliforme, multinodular de coloración marronácea, con algunas zonas amelanóticas y con pequeños acúmulos pigmentarios.
En la exploración mediante ecografía en modo B se observó una lesión cupuliforme delimitada por una línea de alta reflectividad y con un vacío ecogénico marcado. La lesión estaba localizada a nivel preecuatorial y se extendía en un patrón multinodular en los cuadrantes nasales (aproximadamente 180o). En el modo A se observó una señal hiperreflectiva con un doble pico, seguida de un marcado vacío ecogénico. Todo ello compatible con una efusión coroidea (desprendimiento seroso de coroides).
Se efectuó un diagnóstico de sospecha de fístula carotídeo-cavernosa y se solicitó una tomografía axial computarizada orbitaria como prueba de neuroimagen, en la que se apreció un exoftalmos izquierdo moderado, con un aumento de dimensiones de la vena oftálmica superior y de la musculatura extrínseca ocular, datos concordantes con una fístula carotídeo-cavernosa izquierda de bajo flujo.

Dado que la fístula era de bajo flujo, la edad de la paciente y la poca repercusión visual, se desestimó realizar una arteriografía diagnóstica-terapéutica (embolización) y se realizó un seguimiento clínico, en el que a los seis meses se observó una mejoría en la proptosis y una desaparición completa del desprendimiento cilio-coroideo.