Varón de 32 años que se presentó en el servicio de urgencias a finales de septiembre por fiebre intermitente de hasta 41oC no vespertina y artromialgias de una semana de duración que trató con antitérmicos y, en las 48h previas a su consulta, aparición de clínica respiratoria consistente en tos con expectoración y hemoptisis.
Entre sus antecedentes personales más relevantes figuraba reacción adversa a metamizol, tabaquismo, consumo de marihuana y cocaína inhalada, vitíligo, cuadros bronquiales de repetición y trastorno de la personalidad no filiado. Realizaba tratamiento con clorazepato dipotásico, gabapentina, quetiapina, mirtazapina, paroxetina y bromuro de ipratropio. Desde el punto de vista epidemiológico, habitante de Villafranco del Guadalquivir, pescador de cangrejos de río, expresidiario, relaciones sexuales con distintas parejas siempre con métodos de barrera.
A su llegada a Urgencias presentaba TA 150/90mmHg, FC 81lpm, Ta 38,8oC, buen estado general, hemoptisis franca no amenazante, ligera palidez mucocutánea, ausencia de adenopatías, erosiones y excoriaciones cutáneas cicatrizantes en miembros inferiores, sibilancias diseminadas y crepitantes ligeros en bases y una exploración neurológica y abdominal normales.
En las pruebas complementarias iniciales se objetivó un infiltrado alveolo- intersticial bilateral extenso en radiografía de tórax; hemoglobina de 11,7g/dL con normocitosis-cromía y ausencia de alteraciones del metabolismo hepático ni renal en analítica y baciloscopias y antigenurias negativas.
El paciente fue ingresado bajo antibioterapia empírica de amplio espectro y en su evolución en los primeros días continúo con hemoptisis, anemización de hasta 4 puntos y disnea con necesidad de oxigenoterapia suplementaria. Ante la sospecha de un cuadro de hemorragia pulmonar, aun con un diagnóstico diferencial abierto, se decidió iniciar pulsos de esteroides (1g de metilprednisolona/24h). La evolución tras esto y finalmente, los resultados de la TCAR (hemorragia alveolar) y serología (IgM positiva para L. interrogans) fueron diagnósticos del cuadro de leptospirosis con capilaritis pulmonar.
Este caso nos enseña por un lado la importancia de la anamnesis epidemiológica y por otro que, en la eterna duda entre etiología infecciosa y autoinmune, en los cuadros de presentación grave, no debemos escatimar en la agresividad del tratamiento aun con inmunosupresores, pues de forma aguda mejoran el pronóstico de la mayoría de infecciones graves.