Presentamos el caso de un varón de 67 años, con antecedentes de asma que debuta con un síndrome febril asociado a tos seca en marzo de 2020. A los 12 días de inicio acude al Servicio de Urgencias por persistencia de fiebre y disnea de esfuerzo, presentando saturación de oxígeno del 86% y una afectación alveolo intersticial bilateral en la radiografía de tórax, compatible con neumonía por SARS-CoV-2 (Severe Acute Respiratory Syndrome Coronavirus 2).

Durante su estancia en el hospital se confirma positividad mediante PCR nasofaríngea y recibe tratamiento con hidroxicloroquina, dexametasona, ritonavir/lopinavir y ceftriaxona. Dada la situación de gravedad y los niveles de IL-6 elevados, se intensifica tratamiento con tocilizumab. Tras varios días de tratamiento, empieza a desaparecer la fiebre y mejora la función respiratoria, recibiendo el alta hospitalaria a los 12 días.

Este día relata el inicio de un rash cutáneo tenue y poco pruriginoso que se acentúa progresivamente, por lo que consulta de nuevo en Urgencias, objetivándose una erupción cutánea maculopapular de predominio en tronco, con extensión a las regiones proximales de extremidades, con afectación flexural en cuello, axilas e ingles. Las lesiones eran fijas, con aumento progresivo de la extensión y moderadamente pruriginosas. No presentaba afectación de mucosas y el signo de Nikolsky fue negativo. Dado el antecedente de ingreso hospitalario reciente y el tipo de lesiones, se sospechó un origen medicamentoso. Se comprobó que todos los fármacos prescritos durante el ingreso habian sido suspendidos y no se había iniciado otra medicación nueva. Se añadió una pauta descendente de prednisona, iniciándose a dosis de 40 mg diarios, y un corticoide tópico. A los siete días de tratamiento, se realizó consulta telefónica con el paciente, refiriendo una mejoría importante de la sintomatología y desaparición casi completa de las lesiones.