Mujer de 80 años, no conocida del servicio, acude por presentar dolor traumático en su ojo izquierdo (OI). Entre sus antecedentes destacamos conjuntivitis de repetición en la infancia, artrosis senil y 4 hijos sanos. En la exploración oftalmológica observamos una abrasión corneal en OI, que curará con oclusión y pomada epitelizante en 1 semana. Además se aprecia en ambos ojos (AO) un iris atrófico, desdoblado, desflecado con atrofia en sector inferior, más en OI y una reducción de la cámara anterior visible también en la gonioscopia. Presenta cifras de tensión ocular de 24 mm Hg. en AO, con un campo visual (Humphrey 30-2) con una reducción general de la sensibilidad. Explorando el fondo de ojo encontramos lesiones hiperpigmentadas y atróficas (en «sal y pimienta»).

Con el diagnóstico de presunción de sífilis congénita, aún sin leucomas propios de queratitis intersticial antigua, solicitamos pruebas serológicas para lues obteniendo resultados positivos en test treponémicos (TPHA, FTA abs) y negativos en los no treponémicos (RPR).

En este punto la paciente es evaluada por medicina interna y es cuando averiguamos que desconoce la causa real de sus conjuntivitis, aunque relata, de forma detallada: los tratamientos recibidos con 9 años, en plena era preantibiótica, con neobismuto oral, que su madre «soltera» muere joven «deformada» y que en los años 60, por problemas inespecíficos articulares, le pautaron unas inyecciones semanales y mensuales (penicilina probablemente). Hallazgos de la anamnesis compatible con sífilis congénita tardía, con queratitis intersticial tratada con éxito, pues carece de leucomas. Adquirida por infección trasplacentaria: madre con artropatía severa compatible con sífilis secundaria. Y curada por resultado negativo en test RPR.