Varón de 32 años, con antecedentes de enfermedad de von Willebrand, que presentaba malestar general, fiebre, tos seca y cefalea. No asociaba disnea y los signos vitales y el examen físico general eran normales. Se realizó un primer test de exudado nasofaríngeo para COVID-19 mediante la técnica de reacción en cadena de la polimerasa con transcriptasa inversa (RT-PCR), que resultó positivo. Dado que el paciente no presentaba síntomas respiratorios graves, fue dado de alta con tratamiento sintomático (paracetamol y metamizol). En las siguientes semanas se realizaron dos tests más, que continuaron siendo positivos.

A los 28 días de los síntomas, la fiebre, la tos y la cefalea iniciales cedieron, pero el paciente consultó de nuevo por dificultad para ocluir el ojo izquierdo y desviación de la comisura bucal de inicio brusco. No asociaba hipoestesia u otras manifestaciones neurológicas. La exploración neurológica únicamente mostraba una parálisis facial periférica izquierda (grado IV de la escala de House-Brackman). No presentaba erupciones vesiculares ni otras alteraciones cutáneas.

Se realizó una resonancia magnética, que permitió descartar daño nuclear y mostraba una captación de contraste asimétrica en los segmentos intralaberíntico e intracanalicular del nervio facial izquierdo, sin alteraciones en el nervio facial contralateral. Los hallazgos radiológicos eran sugestivos de neuritis. Resonancia magnética axial y coronal. Captación asimétrica de contraste del nervio facial izquierdo. Hallazgos consistentes con neuritis facial izquierda.

Finalmente, el paciente fue diagnosticado de parálisis facial periférica secundaria a neu­ritis de probable origen vírico en relación con SARS-CoV-2. Se indicó la realización de terapia física basada en ejercicios faciales y cuidados de hidratación y oclusión ocular, y no se inició tratamiento oral específico para la parálisis. El paciente presentó buena evolución clínica, con recuperación completa de la parálisis facial en tres semanas.