El 12 de febrero de 2020, días antes de que se identificara este brote, una mujer de 80 años con antecedentes de tres años de colitis ulcerosa izquierda y tratamiento de mantenimiento con mesalamina acudió a nuestro consultorio con fiebre y diarrea hemorrágica de 7 días de evolución. Al ingreso, la paciente reportó cuatro defecaciones al día con sangre y fiebre de hasta 38,5 °C. Las pruebas analíticas indicaron anemia grave (hemoglobina 7 g/dL) y valores altos de proteína C-reactiva (6 mg/dL). Una sigmoidoscopia mostró úlceras grandes y profundas en el colon sigmoide y el recto. Los cultivos de heces fueron negativos, incluyendo pruebas para Clostridum difficile. A la paciente se le diagnosticó recidiva de la colitis ulcerosa y se inició un tratamiento con corticosteroides i.v. (metilprednisolona 40 mg/día). Durante los siguientes tres días, la frecuencia de las defecaciones disminuyó, la fiebre remitió y los valores de proteína C-reactiva volvieron al intervalo normal. El cuarto día presentó fiebre de hasta 39 °C que cursó con tos seca. A partir de los datos en constante evolución sobre el brote de SARS-CoV-2, incluyendo información referente a infecciones nosocomiales, se sospechó un caso de COVID-19. Una radiografía torácica mostró neumonía bilateral, confirmada por TAC torácica. Los frotis nasofaríngeos confirmaron la presencia de SARS-CoV-2 y se estableció el diagnóstico de neumonía por COVID-19. La paciente fue tratada con ventilación no invasiva y una combinación de lopinavir/ritonavir e hidroxicloroquina. Los corticosteroides i.v. se sustituyeron rápidamente por prednisona por vía oral y se inició una disminución progresiva de la dosis. A pesar de una mejora inicial, el estado de la paciente empeoró y esta murió tras 14 días de hospitalización. En el momento de la muerte la dosis de prednisona era de 25 mg al día.
