Presentamos el caso una paciente femenina de 58 años que acude a la consulta dental para valoración de los molares 16 y 17 por dolor y movilidad. En la exploración clínica se observa movilidad de ambos y supuración a nivel del surco. La radiografía confirma nuestro diagnóstico encontrándonos con una pérdida ósea considerable y una perforación sinusal a nivel del ápice de ambos molares. Se realiza la extracción de ambos y la regeneración de los alveolos con PRGF-Endoret para lograr el sellado de la perforación y una evolución lo más favorable posible para la posterior inserción de los implantes en la zona. Tras dos meses podemos observar en el Cone-Beam dental que la perforación se ha cerrado completamente pero el volumen óseo residual en altura para la inserción de los implantes es insuficiente, existiendo únicamente un 2 mm de altura ósea. Por ello, se decide llevar a cabo una elevación de seno utilizando biomaterial (hidroxiapatita bovina) unido a PRGF-Endoret. Se realiza la elevación y tras cinco meses se procede a la evaluación de un nuevo Cone-beam dental para poder visualizar la cantidad y calidad del injerto obtenido para la inserción de los implantes dentales. En los cortes correspondientes a los molares del primer cuadrante podemos observar una perfecta consolidación del injerto con la posibilidad de insertar implantes de 13 mm. Hoy en día esta longitud de implantes no sería de nuestra elección, ya que estudios publicados por nuestro grupo con implantes cortos y extra-cortos avalan su uso, además de demostrar que en la distribución de cargas de un implante ya integrado es más importante el diámetro del mismo que la longitud, trabajando del mismo modo un implante de 8,5 mm de longitud que uno de 13 mm a igual diámetro.
En el año 2007, con los implantes cortos sin pleno desarrollo y sin estudios que demostraran la importancia del diámetro frente a la longitud del implante el protocolo terapéutico para estos casos era muy diferente, centrándose los esfuerzos en la búsqueda de un anclaje por longitud del implante en lugar de buscar la estabilidad bicortical (vestibular-lingual) que realizan los implantes cortos y anchos. Durante este tiempo se produce también el fracaso de los molares 46 y 47 que deben ser extraídos y reemplazados por implantes dentales. Una vez transcurridos seis meses tras la colocación de los implantes, se procede a la confección de la prótesis definitiva, en este caso mediante un puente cementado. Este protocolo protésico tampoco es el que seguimos actualmente donde prima la estanqueidad, el hermetismo y el empleo de prótesis atornilladas mediante elemento intermedio o transepitelial, pero en ese momento con este tipo de rehabilitaciones y la conformación de un perfil de emergencia "bio" en los pilares era como se terminaban estos casos. La implementación de los transepiteliales en las prótesis atornilladas abre un nuevo horizonte en la prótesis, cambiando el protocolo de nuestro grupo de trabajo hacia una mejora del sellado implante-prótesis, al mismo tiempo que se reducen los desajustes protésicos (al ser tomada la impresión directamente sobre el transepitelial y no a la conexión del implante) y se mejora la estanqueidad, disminuyendo entre otras cosas, el riesgo de periimplantitis. Transcurridos cuatro años, los molares del segundo y tercer cuadrante comienzan a tener una movilidad excesiva y problemas periodontales graves, por lo que se decide la extracción de los mismos y la regeneración de los alveolos con PRGF-Endoret. Una vez regenerada la zona (mes y medio después) se procede a la obtención de un Cone-beam para evaluar el volumen óseo residual. En el mismo se puede observar cómo existe una cresta ósea desigual con zonas de 3,3 mm de altura hasta 7 mm como máximo. En esta ocasión, debido al cambio de protocolo descrito anteriormente, se opta por la inserción de implantes extra-cortos de forma directa, ya que los protocolos quirúrgicos para abordar este tipo de situaciones en el año 2011 variaron sustancialmente, siendo estos implantes una herramienta de primera línea para el tratamiento de este tipo de atrofias. Se seleccionan dos implantes extra-cortos (5,5 mm de diámetro x 6,5 mm de longitud para la pieza dental número 26 y 6 mm de diámetro por 5,5 mm de longitud para la pieza dental número 27). Una vez transcurridos seis meses desde la inserción de los implantes extra-cortos, se procede a la colocación de la prótesis definitiva, en este caso, atornillada y con un componente intermedio (transepitelial), al igual que se confecciona del mismo modo la prótesis inferior del tercer cuadrante. En este punto cronológico, la filosofía de trabajo mediante prótesis atornillada con transepitelial y la búsqueda de hermetismo y ajuste pasivo es la filosofía dominante para la rehabilitación sobre implantes y continúa siéndolo hoy en día. Finalmente, podemos observar la estabilidad de ambos tratamientos en la radiografía final a los 8 años, donde ambos se mantienen estables sin pérdidas óseas. 