Nuestra paciente de 44 años, gestante de 29+2 semanas, sin antecedentes patológicos de interés, sin viajes recientes ni contacto con pacientes infectados conocidos, acudió al centro por cuadro de 12 días de evolución que consistía en odinofagia, tos seca y, en los últimos días, fiebre de 39,5°C.

Exploración obstétrica normal. Se le realizó PCR de COVID-19 que resultó ser positiva. En la analítica destacaba: 20.900 leucocitos (98% de PMN), linfopenia 200, dímero D 578ng/ml, PCR 28mg/dl, LDH 223U/l y procalcitonina 5,33ng/ml. Desde el punto de vista respiratorio con unas cánulas nasales a 3l tenía una PO2 de 140mmHg. En la radiografía de tórax se apreciaban infiltrados pulmonares bilaterales multilobares con patrón intersticio-alveolar, con consolidaciones alveolares en el lóbulo superior izquierdo, pinzamiento de senos costofrénicos y engrosamiento cisural derecho por derrame pleural de leve cuantía.

Se comienza tratamiento con lopinavir/ritonavir, cloroquina, ceftriaxona y azitromicina. A las 48h la paciente se encuentra más taquipneica y, en pocas horas, empeora su mecánica respiratoria con acidosis respiratoria e hipoxemia severa y precisa intubación orotraqueal y conexión a ventilación mecánica.

En vista del empeoramiento clínico se contacta con ginecología que decide comenzar la maduración pulmonar del feto mediante 2 dosis, separadas por 12h, de 12mg de betametasona. A las 24h se lleva a cabo la cesárea dentro del box de la UCI sin complicaciones para la madre ni para el hijo, descartándose en este la infección por COVID-19. En días sucesivos hay una mejoría progresiva de la oxigenación, comenzando proceso de weaning.

Esta paciente tuvo una evolución satisfactoria, lo que también corroboran varios estudios publicados durante esta pandemia sobre COVID-19. Un estudio con 38 mujeres embarazadas e infectadas con este virus demostró que el pronóstico materno era mucho mejor que con coronavirus anteriores, ya que ninguna murió ni se produjeron casos de transmisión intrauterina al feto. En otro, con 9 pacientes gestantes con neumonía por COVID-19, los autores describen la similitud clínica con las reportadas para pacientes adultas no embarazadas, no encontrando, en ningún caso, transmisión vertical.