﻿Un hombre de 27 años sin antecedentes médicos ingresó con insuficiencia respiratoria y se le diagnosticó COVID-19. Las concentraciones de troponina I ultrasensible y de prohormona N-terminal del péptido natriurético cerebral eran altas (100 ng/l y 9.300 pg/ml, respectivamente), lo que sugería afectación miocárdica. Además, un ecocardiograma reveló una dilatación del ventrículo izquierdo, con una baja fracción de expulsión del VI del 20%. El paciente mejoró con una pauta de alta dosis de diuréticos y ventilación no invasiva. Fue dado de alta 9 días después con prescripción de bisoprolol, furosemida y espironolactona. Un mes después, la fracción de expulsión del VI había mejorado a 40% y mostró un buen gasto cardíaco y una buena presión de llenado. Un ecocardiograma reveló una estructura de dos capas del miocardio, indicativa de VINC. Una RMN cardíaca confirmó el diagnóstico de VINC, pero también reveló miocarditis aguda. Los resultados de una angiotomografía computarizada coronaria descartaron arteriopatía coronaria. La gestión incluía tratar la insuficiencia cardíaca del paciente y un cribaje genético del paciente y los familiares.
