Se presenta un caso de infarto agudo de miocardio con elevación del segmento ST (IAMCEST) en una mujer de 65 años con antecedentes de dislipemia e infección crónica por el virus de la hepatitis C, sin una hepatopatía significativa. La paciente, que era fumadora activa, fue operada por un cáncer de cuello uterino en 2019. El cáncer se consideró inactivo y controlado. Como consecuencia de las limitaciones a la libertad de movimientos introducidas en España durante el confinamiento motivado por la COVID-19, la paciente había permanecido autoconfinada en su casa durante los últimos 7 días cuidando a varios nietos, ya que se habían suspendido también las clases en las escuelas.

La paciente sufrió un dolor torácico típico acompañado de síntomas vegetativos pero, por su responsabilidad en el cuidado de los nietos, el temor a acudir al hospital en la situación actual y el conocimiento de la obligatoriedad de permanecer aislada en casa, no solicitó atención médica hasta transcurridas 24 h tras el inicio de los síntomas. A su llegada al hospital, la paciente señaló que ya no tenía dolor torácico, y estaba hemodinámicamente estable. Refería unos antecedentes de 48 h de fiebre de baja intensidad y tos seca. Presentaba taquipnea e hipoxemia, con una saturación de oxígeno del 88%, que mejoró hasta el 98% con 3 l de oxígeno mediante cánula nasal. El electrocardiograma fue compatible con el diagnóstico de infarto agudo de miocardio de cara anterior evolucionado. La presión arterial era de 100/62mmHg; la frecuencia cardiaca, de 125 lpm y los ruidos cardiacos, normales a la auscultación, sin que se detectara ningún soplo cardiaco. A la auscultación pulmonar, se identificaron roncus basales bilaterales. La ecocardiografía transtorácica mostró anomalías extensas del movimiento de la pared del ventrículo izquierdo, asociadas con una disfunción sistólica grave. No se observaron complicaciones mecánicas. La radiografía de tórax mostró infiltrados moteados bilaterales y ello, junto con los síntomas antes mencionados de fiebre y tos seca, condujo a la sospecha de una posible infección de COVID-19. El test de Cobas de SARS-CoV-2 (ROCHE, España) fue positivo y confirmó la infección vírica en la paciente.