Aquí estoy, en mi última escala, antes de que el avión de Turkey's Airlines aterrice en el corazón de África, el continente negro, donde todo empezó.
El fin cumpliré uno de mis sueños. Conocer Kenya.
Acabamos de llegar a un poblado Pocot, este final de tarde precioso. Esto es una familia típica, o sea, es un hombre con sus diferentes mujeres.
En este caso este hombre tiene cuatro mujeres y 17 hijos.
Las chozas de los Pocots se entremezclaban con los arbursas de la llenura, iluminados por los últimos rayos de la tardece.
Vivían allí, aunque cambiaban cada poco, fueron nuestros anfitriones, enseñándonos a la interior de sus casas y compartiendo con nosotros sus cánticos y danzas.
Aún no había amanecido cuando Sam, nuestro guía, nos iguala embarcadero a orillas del lago baringo. La barca cortaba suavemente sus aguas tranquilas, anaranjadas bajo la creciente luz del alba antes de que despuntara el sol.
Al mismo tiempo que amanecían despertaban también las decenas de especies de aves que anidaban en sus aguas, cormoranes, abejarucos, pios, garzas, martines y aguilas pescadores, entre otros.
Estamos en el lago baringo, es uno de los pocos lagos de agua dulce del Valle del Rift. Estaban las seis y media de la mañana y hay bastantes pescadores intentando pescar.
El lago baringo es uno de los pocos lagos de agua dulce del Valle del Rift. Estaban las seis y media de la mañana y hay bastantes pescadores intentando pescar.
El lago baringo es uno de los pocos lagos de agua dulce del Valle del Rift. Estaban las seis y media de la mañana y hay bastantes pescadores intentando pescar.
Estaban las seis y media de la mañana y hay bastantes pescadores intentando pescar.
Estaban las seis y media de la mañana y hay bastantes pescadores intentando pescar.
Estamos entrando ahora con el camión en el Parque Nacional de Lago Nakuru, una de las estrellas de Kenia.
Es uno de los parques más visitados por su atractivo al ser un santuario de rinos. Es uno de los pocos lugares del mundo donde podemos ver el rino negro o oriental.
Es un parque muy verde. Estamos rodeados de acacias amarillas o el árbol de la fiebre.
Para nuestro podéis ver el lago que alberga una de las mayores poblaciones mundiales de Flamencos. Hay cebras, vemos gacelas de Thompson, pelícanos, garzas. Está repleto de fauna.
Tras un amanecer frío y brumoso, el camamento de Nakuru despertaba el olor de una taza de café que acompañaba el desayuno preparado por la tripulación del camión.
Entrando en tierras masais, mosses, vestido con chuca roja, rungo de madera y chanclas de suela de numático, nos recibía para guiarnos por la sabana en un safari distinto, pues habríamos de hacerlo a pie.
Nada escapaba sus vivos ojos, identificaba huellas y rastros, reconocía lo que había pasado por allí y cuándo la habían hecho.
Salíamos antes del amanecer, con el camión arañando kilómetros por una carretera llena de baches y polvo, y las luces del alba definiendo los perfiles del terreno.
No era posible tener un restaurante con mejor localización. La comida bajo la sombra, de una cacia paraguas y la sabana como privilegiada vista.
Al fin habíamos llegado al Masaimara, sin duda el momento álgido del viaje, descomunal infinito y lleno de vida.
Estamos en el Masaimara, estamos recorriendo el mismísimo Río Mara.
Elante de nosotros tenemos el acantilado de Aulololo, y para allá vamos a nuestro campamento, a orillas del río, donde vamos a pasar la noche, solo con los hipopótamos y toda la demás fauna.
Elante de nosotros tenemos el acantilado de Aulololo, donde vamos a pasar la noche, solo con los hipopótamos y toda la demás fauna.
La mesa del desayuno, a tres metros del río Mara, junto a una familia de hipopótamos nos esperaba para ver amanecer. Un pequeño lujo en nuestro campamento, un pedazo del Masaimara, solo para nosotros.
En cada kilómetro nos encontramos con nuevas especies de animales, fregunas, temerosos y udices, otras casi diferentes en nuestra presencia.
Utilizamos el camión 4x4, seguíamos topándonos con la fauna de Kenia, pero aún faltaba mi encuentro con el rey de la Sabana, Simba, el Leona.
Retratando a una docena de leones sobre una colina mientras el sol se ponía tras las montañas, aún con la huella de esta semana de viaje en la retina, justo en ese momento, supe que pronto volvería a Kenia.
Subtítulos realizados por la comunidad de Amara.org
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