Situado en el extremo occidental de Cantabria, a los pies de los picos de Europa, el valle
de Líbana constituye uno de las comarcas más aisladas de España.
El Mons Vindius, el lengua celta, el monte blanco. Una imponente corona de cumbres de
roca caliza evita que lleguen las nubes del Atlántico creando un singular microclima.
Un fértil paisaje, antaño poblado de viñas y campos de cereal e incluso alcornoques,
desconocido en cualquier otro lugar de la cornisa cantábrica. Ninguno de los puertos
de montaña que permiten acceder a Líbana se encuentra por debajo de los 1300 metros
de altitud. Su acceso natural es el angosto a desfiladero de la ermida, que transcurre
hacia la costa durante 21 kilómetros junto al curso del río Deba, como lo describió
Benito Pérez Galdós. ¿Por qué se encuentra allí uno de los
centros de peregrinación más importantes de toda la cristiandad? ¿Sólo superado en
importancia por Roma, Jerusalén y Santiago? ¿Cómo es posible que en este recóndito
lugar, en el que hoy apenas viven 6.000 almas, se redactara uno de los libros más influyentes
de la cultura medieval europea? De entre ellas destacaba el Lignón Crucis, un fragmento
de madera atribuido a la cruz en la que había muerto Jesucristo. Durante casi tres siglos
el Lignón Crucis permaneció custodiado en el Obispado de Astorga, hasta que en el año
711 un ejército musulmana caudillado por Tariq derrotó a Rodrigo, el último rey visigodo.
El año 1958 se quiso analizar científicamente este trozo de madera que teníamos y nos bastaba
la historia, pero no obstante se quiso comprobar también la ciencia y para ese efecto se mandó
este trozo de madera a Madrid, un instituto científico forestal de investigaciones agronómicas
que estaba considerado este instituto como el más avanzado, no solamente de España
sino de toda Europa, para este tipo de conocimiento de la madera como tal, como por ejemplo su
antigüedad, etcétera. ¿Por qué se mandó a este instituto científico? Por el hecho
de que se querían conocer algunos datos importantes de este madero, entonces salieron varios datos
importantes. El primero es qué tipo de madera forestal es esta de este trozo de madera,
es ciprés oriental, pequeñísima variedad de ciprés oriental muy frecuente en Jerusalén
donde le crucificaron a Cristo y el otro dato es un dato muy importante, importantísimo,
que esta madera tiene de antigüedad de vida más de dos mil años de vida, si tiene más
de dos mil años de vida pues maravilloso, fenomenal, fantástico, porque la misma iglesia
no tiene de antigüedad de vida más que esa misma antigüedad. Esta madera pertenece a
la parte izquierda de la auténtica cruz en que murió Jesucristo.
Entre los clédicos y nobles emigrados hacia el norte se desarrolló una de las figuras
más importantes de la cultura medieval en Europa, un monje, Beato de Llevan.
Estos códices, conocidos como Beatos, de los que se han conservado más de treinta, destacan
por sus miniaturas de vivos colores. Beato trata de esclarecer el significado del último
libro del Nuevo Testamento, El Apocalipsis, redactado por el apóstol San Juan, en el que
se describen los sucesos del fin de los tiempos. La importancia del apocalipsis en esta época
convulsa era enorme. Un siglo antes, un concilio eclesiástico celebrado en Toledo prescribía
su obligada lectura durante el período comprendido entre Pascua y Pentecostés.
Durante la Edad Media los monasterios fueron los centros culturales donde se preservaba
el saber antiguo. De entre ellos, Santo Torivio de Llevan, era uno de los más destacados
al poseer una formidable biblioteca. Llevan, un territorio donde historia, cultura y un
entorno natural privilegiado, situado en el corazón de los picos de Europa, se unen
para recibir a visitantes y curiosos, regalandoles paisajes únicos hasta que la puerta del perdón
vuelva a ser abierta el próximo 2017. Cada año, Jubilar deja su huella en el corazón
de miles de peregrinos y hace perdurar esta tradición milenaria en torno al digno incrucis
y al monasterio de Santo Torivio. Huellas del hombre en la piedra, huellas de la religión
en el hombre.
