La depresión del Danakil es el lugar con la temperatura media más caliente de la tierra
y sin duda uno de los más inhóspitos. Con 35 grados de media, por la noche, difícilmente
se desciende de los 25, y por el día, fácilmente se rebasan los 45 grados centígrados.
La mayor parte de esta región, prácticamente deshabitada, se encuentra por debajo del
nivel del mar, alcanzando los –116 metros cerca del lago Asale, que es el punto más
bajo en tierra firme del continente africano. También se trata de una de las áreas más
secas y con mayor actividad tectónica del planeta, una zona de singular importancia
geológica, un extraño paisaje lunar tachonado de volcanes activos, manantiales de agua caliente,
mal orientes y sulfurosos, enormes depresiones incrustadas de sal y ríos de lava negra solidificada.
Adentrarse en estas tierras sigue siendo hoy en día una aventura arriesgada.
Cualquier accidente por nímio que sea, puede suponer la muerte, ya que pueden pasar días y días sin
que ningún vehículo atraviese sus carreteras, y también su clima extremo, pueden poner en
hacke a cualquier cuerpo debilitado por la enfermedad. Danakil, continua siendo un destino
que supone un auténtico reto. Temperaturas diurnas a menudo por encima de 50 grados centígrados,
sin sombras en las que refugiarse, y un calor que puede sentirse incrementado por el intenso
viento conocido como el gara, el viento de fuego.
Los pocos pueblos que atravesamos ponen a prueba nuestro raciocinio. No entendemos cómo una
sociedad puede sobrevivir en una tierra tan inhóspita y pobre, y a pesar de ello, así ha sido
durante siglos. La dureza de las condiciones climáticas del Danakil se veré flejada en la
reputación de sus habitantes nómadas de azar, que incluso en el siglo pasado tenían la desalentadora
costumbre de dar la bienvenida a los extranjeros cortándoles los testículos.
Afortunadamente nosotros no tuvimos un recibimiento tan cortante, pero tampoco lo podríamos catalogar
de hospitalario. La llegada de un coche supone la oportunidad de obtener cualquier cosa,
así que la corupción y el chantaje son moneda de cambio frecuente.
Adentrarse en estas tierras sin unos adecuados padrinos puede resultar muy caro.
Sin embargo, Danakil tiene bajo su ardiente tierra unos recursos mineros que el gobierno
etíope, con la ayuda de ingenieros chinos no está dispuesto a dejar pasar. De ahí que los
últimos años se ha iniciado la construcción de una gran carretera. Necesaria pues para extraer
todos nuestros recursos y comunicar el país con el mar a través del vecino y minúsculo estado de
Hibouti. Los más de 30 volcanes activos o durmientes, una cuarta parte del total en África para un área
que apenas representa el 1% del continente, son una medida de la actividad geológica del Danakil.
Estos volcanes se distribuyen a lo largo de una serie de líneas de falla en dirección noroeste y
todos ellos son, digamos, bebés geológicos que se formaron en el último millón de años,
alcanzando muchos de ellos su forma actual en los últimos 10.000 años. La cordillera volcánica más
importante es la llamada los Alpes de Danakil, con picos que sobrepasan los 2.000 metros y otros no
tan altos pero mucho más visuales, como el Eerta Ale, que se conoce como el volcán más activo de
África, puede albelgar un lago de lava permanente desde hace alrededor de 120 años y que se encuentra
en estado de erupción continuada desde 1967. Durante kilómetros y kilómetros se sucede
un paisaje lunar. Las pocas ocasiones en las que bajamos del coche para tomar fotos, el calor nos
golpea con dureza, el aire abrazador nos quema los pulmones con cada inspiración, el pelo de la
cabeza parece arder bajo un sol implacable, y a pesar de todas estas incomodidades el paisaje
es tan temible como bello. Estamos aquí a mitad del desierto en Danakil, Danakil, Danakil. Tenemos aquí un percance, tenemos que ir a un paisano, bueno no es paisano mío pero si tenemos que
un calor insoportable. Es peor, es como estar en un secador de pelo gigante, porque el viento es igual y el calor es horrible, pero aquí aguantando, mira que bonito.
Al atardecer llegamos al Lago Abdera, que resulta no ser tan bello como esperábamos. El Lago es la principal
fuente de ingresos del pueblo gracias a la extracción de sal, así que sus orillas, además de estar plagadas de balsas para su producción, también están llenas de los desechos que la industria genera, como plástico, latas, restos de maquinaria y tuberías.
Mira. ¿Qué se escucha? La sal. Traen aquí el agua del lago, la depositan aquí y se convierte en sal evaporándose. Vamos a probarla. Documento mundial, nadie lo ha probado de nosotros.
Amanece en el Lago Abdera. Necesitamos un baño para quitarnos el polvo del camino, pero el Lago con su alta salinidad no es buena idea.
Afortunadamente, la actividad volcánica de la zona produce numerosos manantiales formando pequeñas balsas ideales para una rápida limpieza.
La industria de la región se basa en la producción de sal, una sustancia vital en el pasado para la conservación de alimentos y que hoy sigue siendo la principal fuente de ingresos de los afar.
Su calidad es excepcional y sigue teniendo una fuerte demanda en los mercados internacionales.
¡Vaya! ¡Vaya! ¿Y de la gunada?
De nuevo en los todoterreno iniciamos el camino que nos llevará al punto más interesante de toda la excursión, el volcán Erta Ale. Durante kilómetros atravesamos un mar de arena que pone a prueba la pericia de los conductores y nuestra resistencia al polvo y al calor.
Una vez en los dominios del volcán, el trayecto es aún más complicado. Durante tres horas, damos tumbos por una carretera inexistente ascendiendo por una ladera suave del volcán, a través de un paisaje desolador y eminentemente volcánico.
El último tramo hay que hacerlo a pie, pero coronar la cumbre a plena luz del día y a casi cincuenta grados es un suicidio. Debemos esperar a que anochezca para iniciar la ascensión. Unas cabañas circulares serán nuestro refugio durante las horas siguientes.
¿Tienes aire acondicionado, no? Sí, con la salida.
Y ahora no voy a poder ponerme a dormir, ¿eh? Por mucho que me saque las colchonetas.
Manda que las metamos, pues las metemos.
La luna levanta sobre la loma anunciándonos que es la hora para el inicio de la ascensión al volcán.
Ahora estamos subiendo ahora al monte para ver el volcán colabaliente. El único de África que está colaba ir viendo.
En unas cuatro horas recorremos los quince kilómetros que nos separan de la caldera protegidos por la noche.
Con una situación comprensible, bajamos a Tolondrados en la Cantilado. Disponemos de cuántas horas queramos, pero avanzamos hacia el cráter como si en cualquier momento se fuera a apagar.
No lo ha hecho desde 1967, así que es poco probable que lo haga en ese momento, pero aún así avanzamos tan valeantes por el ondulante irregular lecho de lava petrificada de la caldera, resultado de la última erupción en el 2008.
Lo que se vive en el Herta Ale es una experiencia que pocos lugares de la tierra pueden proporcionar.
El acercarte a un volcán activo tanto como el calor que tu cuerpo pueda soportar es algo increíble.
Las corrientes del magma danzan de un lado a otro como a cámara lenta, deslizándose una bajo la otra como perfecto, vivo y ardiente reflejo de la tectónica de placas.
Periodicamente, los gases acumulados se liberan de la opresión del magma, levantando burbujas incandescentes. El espectáculo es tan hermoso como hipnotizante.
En el Herta Alemán, en el Herta Alemán, el magma se libera de la opresión del magma, levantando burbujas incandescentes.
El magma se libera de la opresión del magma, levantando burbujas incandescentes.
El magma se libera de la opresión del magma, levantando burbujas incandescentes.
El magma se libera de la opresión del magma, levantando burbujas incandescentes.
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El magma se libera de la opresión del magma, levantando burbujas incandescentes.
El magma se libera de la opresión del magma, levantando burbujas incandescentes.
El magma se libera de la opresión del magma, levantando burbujas incandescentes.
A ver si nos funciona el chiquillo.
Total.
Solo estamos en mitad del desierto.
Me temo que no.
Me toco al timbre para bajarme y me caerá.
Esa es una buena idea.
Gracias.
Esa es una buena idea.
Esa es una buena idea.
Esa es una buena idea.
Esa es una buena idea.
Esto es lo que se dice tener un buen polvo.
¿Estoy pena, no?
Estás pena.
El pequeño pueblo de Amedilla es el punto de partida habitual para realizar visitas a Dallol y al Lago Ásile,
tanto para turistas como para los comerciantes de las caravanas de camellos.
Como el resto de los pueblos de la depresión tiene un aspecto decadente, temerario e inhóspito.
El principal interés de este área, sin duda, otro de los platos fuertes de cualquier aventura por el Danaquil,
es un yacimiento de manantiales sulfurosos calientes de múltiples tonalidades,
salpicados de respiraderos humeantes de forma cónica, extrañas formaciones rocosas en forma de ondas
y todo ello rociado con un sedimento denso coloreado y bastante perajoso que se parece azúcar glaseado conocido como Dallol.
Lamentablemente, la caprichosa actividad volcánica que los genera hacía meses había desaparecido y con ella el magnífico lago.
Otro empezaba a surgir unas decenas de metros más allá, pero le quedaba años para alcanzar la madurez y espectacularidad del anterior.
En el Lago en Formación, los colores toman posesión de esta tierra árida y monocroma.
Pequeñas chimeneas de agua sulfurosa bullen como una inmensa fábrica de principios de siglo, rojos, amarillos, blancos, naranjas, marrones, vivos colores resultados de un sur suelo latente y dinámico.
A escasos kilómetros, otro lago más grande y mucho más mortal nos aguarda.
Se trata de un lago compuesto por una oleosa sustancia marrienta que recuerda mucho al lubricante de coches.
Varios cadáveres de patos atestiguan su toxicidad. Los pobres animales sedientos se acercan hasta él para calmar su sed y un simple sorbo es más que suficiente para matarlos.
Continuamos la excursión para visitar otro particular paraje con el que nos deleita Danakil, unas auténticas montañas de sal.
De unos címetros de altura y escarpadas y afiladas como agujas, estas montañas surgen de la nada en mitad de una planicie desértica.
Compuestas a partes iguales por tierra y sal, bien parecen traídas de otro planeta, el viento las moldeas o antojo creando curiosas formas.
Finalmente nos acercamos al lago Asale. El yacimiento consiste en literalmente cientos de afar picando la corteza salada para extraer tabletas rectangulares de aproximadamente 30 por 40 centímetros.
Una barra tiene en coste de 1,25 beer en origen, pero en Mekkele alcanza a los 12 beer y más todavía en zonas más lejanas de las tierras altas.
Cada barra pesa alrededor de 6 kilos y un camello puede transportar hasta 200 kilos o alrededor de 30 barras.
Los métodos de extracción no han cambiado durante siglos, por lo que sigue siendo un trabajo agotador y más en una región como esta.
Los afar son un pueblo orgulloso, duro y violento, algo que se entiende plenamente cuando se vive cerca de la depresión del Danakil, su hogar.
Más información en www.mesmerism.info
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