Nosotros seguimos, es parecen derecho a tener derecho, y en seguida vamos a ver qué es
lo que nos queda una reflexión más, os damos unos minutos para estirar las piernas.
Norma Cruz es una guatemalteca que tiene detrás de sí una larga trayectoria de lucha contra cualquier tipo
de violencia contra las mujeres en su país. Hoy nos va a hablar de las mujeres y su constante lucha
contra la exclusión y el respeto a sus derechos humanos. Una charla a propósito de cómo a través
del tiempo las mujeres han luchado por impulsar políticas de desarrollo humano por mejorar el acceso
a servicios básicos como la educación, la salud o el trabajo, incidiendo en la constante lucha
por el respeto a los derechos humanos de las mujeres y su acceso a la justicia. Ha sido merecedora
de un sin número de premios por sus persistentes esfuerzos, por poner fin a la cultura de impunidad
del asesinato y otras formas de violencia contra las mujeres en Guatemala. Norma es presidenta
y fundadora de la Fundación sobrevivientes, organización que lucha a favor de la erradicación
de la violencia contra las mujeres en Guatemala, su país. Norma, adelante.
Bueno, ya las compañeras me dejaron sin que hablar. Esto que hemos visto a través del testimonio
de la compañera de Venezuela, de Honduras, de Paraguay, de México, es la historia de las mujeres
del mundo. Es el proceso de cada una de las mujeres en cada uno de nuestros países, estemos
donde estemos. Y es esa lucha cotidiana, irreversible, constante, sistemática que tenemos que librar
día a día, minuto a minuto, hora a hora, por decir aquí estoy, soy humana, tengo derechos.
Esto es bien importante. Yo creo que cuando venimos, y yo les quiero decir cuando se habla
de Guatemala, casi siempre el recuerdo de Guatemala es esa Guatemala de la eterna primavera, Guatemala
del genocidio, Guatemala de los 36 años de conflicto armado, esa Guatemala linda que no hay manera
de salir de ese drama eterno en el que hemos estado durante décadas. Y que lastimosamente
no nos ha permitido despegar, despegar en lo que es esa lucha de las mujeres por los derechos
básicos, fundamentales, elementales. Y yo digo aquí siempre que en Guatemala las mujeres,
por más que hemos querido volar y tener una agenda mucho más amplia como la que hoy nos
presentaba Dulce María en el tema de participación política, en el tema de salud, en el tema
de educación. Nos hemos visto nuevamente enraizadas en el tema de tener que luchar nuevamente por
el derecho fundamental a la vida, a la vida, así sencilla y llanamente a la vida. Venimos
jalando y venimos arrastrando digamos esa dinámica de muerte que no hay modo que nos
la quitemos de ahí. Ese genocidio, esa historia de impunidad, esa historia de muerte la venimos
arrastrando y por más que hacemos como sociedad de arrancarla para poder levantar el vuelo
que nos complica. Y en el caso de las mujeres aún más, porque no solo tenemos esa cultura
patriarcal tan enraizada, sino que encima tenemos todo ese aspecto ya cultural enraizado
también de la violencia, pero también el tema de la impunidad. Y no hay cuestión más grave
para poder levantar el vuelo de una nación que quiere renacer, que quiere prosperar, que
quiere dar señales de vida, que esos tren males que no permiten que una sociedad se
desarrolle y definitivamente ahí las mujeres nos vemos empantanas. Yo creo que esto es bien
fundamental, porque a veces separamos el tema de los derechos de las mujeres, lo separamos
del resto. Y no, no podemos hablar de los derechos de las mujeres, sino tenemos gobiernos
democráticos, si no hay estados democráticos, si no hay una institucionalidad fuerte. A
mí me preocupa grandemente lo que pasa hoy por hoy digamos en países como Guatemala,
El Salvador, Honduras. Y yo siempre digo que por lo menos en el caso de Guatemala somos
un mal ejemplo que hay que estudiar muy bien para que ese mal ejemplo no se reproduzca
en ninguna parte del mundo. Y yo creo que acá hay elementos bien fundamentales que debemos
de tratar, digamos de ir rescatando. Un, bien fundamental. El esfuerzo que como sociedades
tenemos que hacer para reconstruirnos día a día, día a día. No podemos eternamente
estar diciendo aquí me quedé y no voy a avanzar. Yo les quiero compartir que en Guatemala,
después de 36 años de conflicto armado en donde la agenda de la mujer se quedó por
ahí guardadita, porque lo prioritario en aquel momento era digamos luchar por el cesia,
la represión, el cesia, el genocidio, y la agenda de la mujer se queda ahí. Por eso
yo digo que en este tema y es un consejo que les doy porque nosotros lo vivimos 36 años,
la agenda de la mujer no se negocia, no se pospone. Así. Yo sé que a veces nos vemos
en ese dilema, verdad, porque decimos hijos mano, pero es que aquí va un candidato muy
democrático, pero si yo salgo con este mi clavo, este ahí desbalanceo. Yo sé que,
y no sé, el esquema es el patriarcal tan ingrato que está presente en izquierda y derecha,
porque cuando hablamos del tema de la mujer, ahí no hay ideologías, ahí no hay ideologías.
Cuando se trata de discriminar en países como los nuestros en donde todavía no hay democracia,
todavía no hay una dinámica, una cultura política, incluso no hay partidos políticos sólidos,
yo les quiero compartir en mi país, ahorita en la contienda electoral participaron 17 partidos,
17 partidos. Y por supuesto que hubo participación política en las mujeres,
teníamos como tres candidatas presidenciales, candidatas bisepresidenciales,
o sea, casi se volvió que cada candidato varón tenía que ir acompañado de una mujer,
verdad, para ganarse el voto femenino. O sea, nos pusimos de moda, nos pusimos de moda.
Entonces eso también, digamos, y cómo vamos diferenciando entre la participación real,
las cotas de poder real, a el hecho de que nos utilicen. Por ahí habían partidos,
digamos, que tenían de bisepresidenta una mujer, pero, fin, encima de tener una mujer de bisepresidenta,
era una mujer indígena. Y hubo más de algún partido que incluso, además de ser mujer,
de ser mujer indígena, tenía una discapacidad o una, o sea, una utilización que va más allá,
que es hasta insultante, verdad, porque va contra toda lógica.
En esa dinámica, yo por eso le digo, es bien fregado, porque siempre a las mujeres
nos toca que librar las grandes batallas, las grandes batallas.
Y siempre tenemos que cargar con culpas, siempre, eternamente tenemos que cargar con culpas.
Si estamos en un partido político, tenemos que asumir el rol y fortalecer y sacrificar
nuestra agenda para que ese partido político salga, así, porque si no somos inconsecuentes,
si estamos ahí dentro y somos necias de querer impulsar una agenda, somos inconsecuentes.
Pero qué inconsecuente que eres. Y tenemos que aprender a que la agenda de la mujer
no se negocia, no se negocia. Y la historia nos va a dar la razón.
En ese momento puede ser que se vea como una claudicación, que se vea no, pero con el tiempo
la historia nos va a dar la razón.
Yo les quiero compartir a mí, me tocó cabal en un año electoral muy jodido.
Me tocó a mí que enfrentar el proceso de violencia que sufrió mi hija.
Yo soy una mujer de izquierda, 26 años de militar en el movimiento revolucionario armado
en mi país. Y bueno, era la primera vez que íbamos, después del conflicto armado,
que íbamos a un proceso electoral. Y carajo, y a mí que me sale, me toca el quinto
con que mi hija había sido víctima de violencia sexual por parte de mi compañero.
Y que me toca que tomar la decisión de, o hacer justicia, buscar la justicia, denunciar
un hecho de violencia hacia la mujer, o ser fiel a un partido político.
Nada fácil, nada fácil. Y yo sin ser feminista, sin ser feminista.
Y fue cuando me embolete en el tema de violencia contra la mujer, porque no sabía de este tema.
O sea, este boleto me lo compré en ese momento.
Entonces, en esa línea, y es por eso digamos que este tema, el derecho a tener derecho
de las mujeres no es fácil, no la ponen fácil.
O sea, la vara que hay que brincar es alta. Y es ahí en donde tenemos este que mantener
esa postura inclaudicable de no ceder ni un milímetro, ni un centímetro.
Este, el tema digamos este de los derechos sonamentales, es tan importante.
En países como los nuestros, con niveles de analfabetismo tan altos, en donde las mujeres
se mueren por enfermedades que son curables, o se mueren por traer una vida al mundo.
Esas luchas son imprescindibles, son necesarias, tienen que ser de primera fila, y eso no se negocia.
En esta época de crisis, yo me recuerdo que el año pasado, cabal, hace un año negociando
el presupuesto general de la nación allá, el ministro llegó con las órdenes de recortar
el presupuesto social, y por supuesto que dentro del presupuesto social lo primero que se va
es salud, es educación, y ahí las primeras que nos vamos somos las mujeres.
Así, las mujeres y los niños son los más afectados.
Y yo le decía al señor ministro de finanzas en el Congreso, señor ministro, quiero que me conteste,
¿cuántas vidas quiere llevar usted sobre su espalda?
Y el señor ministro se me quedó viendo así muy asustado, y me dijo, mire doña Norma,
no me hable, así no me la ponga así, porque además yo soy un social demócrata,
yo soy una persona progresista comprometida, pero hay presupuestos y hay derechos básicos
que hay que defenderlos, que hay que defenderlos y que el funcionario público tiene que defender.
Yo le decía a este señor, le decía, en Guatemala hay dos formas de matar, la de todos los días,
que es con un arma de fuego, con un arma blanca, o bien disminuyendo el presupuesto
para esos rubros tan importantes como en la salud.
En un país donde hay de 17 a 20 muertos diarios, en donde los niveles de violencia
están elevadas, que los hospitales en las emergencias se mantienen llenos por la cantidad de heridos que llegan,
usted no puede negociar ese punto, ese es innegocial, y no digamos las mujeres,
en el tema de salud, en el tema de educación no podemos ceder,
entonces realmente la lucha que tenemos que hacer el año pasado le pusimos un presupuesto por la vida,
así de sencillo, y no estábamos pidiendo y no estábamos luchando por más,
y fue muy fuerte, fue muy impactante, porque llegaron enfermos renales,
llegaron enfermos con cáncer, llegaron las mujeres, los niños a pelear ese presupuesto por la vida.
Entonces le digo a las mujeres, la tabla se nos pone muy alto,
pero encima de eso, y es algo acá que yo les digo y que yo quisiera que pudiéramos
ir tomando como lecciones el tema este del famoso feminicidio,
que es otro tema que se ha puesto en moda en nuestra América Latina,
que han habido tantos diálogos de ver si se llama feminicidio, feminicidio,
como le ponemos, pero que a la larga y llanamente es sencillamente la muerte de una mujer por ser mujer,
y que es algo que no debería de estar pasando ni en Guatemala, ni en México, ni en El Salvador,
ni en ninguna parte del mundo, en ninguna parte del mundo.
Eso nos va desgastando porque en lugar de estar en primera fila librando la batalla
por elevar los niveles de participación política, por elevar los niveles de bienestar social,
estamos librando la batalla y llanamente por el derecho a vivir, a terminar el día de hoy.
Y eso debilita a un Estado, eso debilita los avances de una sociedad,
porque hay un sector de la población y un sector mayoritario porque hoy por hoy en América Latina
las mujeres representamos más del 50%,
y cuando estamos hablando que en un país mueren de 600 o 800 mujeres al año,
ya eso ya tiene un efecto en toda la dinámica económica social de un pueblo,
ya eso tiene un impacto, ya eso tiene y requiere un esfuerzo del Estado que podría estar siendo invertido en otra cosa.
Entonces este tema de la violencia contra la mujer es un tema que tenemos que parar como sociedades,
porque si no lo paramos, nos va consumiendo, nos va tragando, nos va debilitando,
no podemos hablar de democracia, no podemos hablar de desarrollo,
si un sector de la población está de alguna forma, por decirlo así, siendo eliminado.
Siendo eliminado, porque cuando ya se da una violación sistemática a este derecho
y en donde es específicamente por el hecho de ser mujer, eso ya lo tenemos que meditar.
Este tema yo quisiera, porque ahorita en el proceso electoral o a temalteco créanme,
no tuvimos tiempo de pelear la ley de cotas, porque ni siquiera hemos logrado la ley de cotas,
pero no pudimos, no tuvimos tiempo, ¿por qué?
Porque de veras tenemos el gran problema del tema de la violencia contra la mujer.
¿Cómo íbamos a tener tiempo de andar peleando la ley de cotas si teníamos que pelear
el presupuesto para seguridad, si tenemos que pelear el presupuesto para justicia,
si tenemos que garantizar y estarnos pronunciando todos los días
porque para esa violencia, porque hay días de veras, ahorita antes de venirme es increíble,
apareció una pierna, apareció un brazo, apareció una cabeza, ¿qué es eso?
¿Qué es eso? ¿Cómo puede una sociedad desarrollarse, crecer con una dinámica de estas?
¿Qué estado, qué partido político va a tener la capacidad de gobernar con esos niveles de violencia?
Les estoy hablando de 46.000 denuncias al año solo por violencia física.
Un promedio de 5.000, 6.000 denuncias por violencia sexual,
de las que se atreven a romper el silencio, más los asesinatos,
es una de no acabar por mucha voluntad política que a veces se quiera tener,
por parte de los funcionarios no hay un estado que aguante con una dinámica de violencia de esa magnitud.
Y si a eso sumamos, y ojo aquí con las hermanas salvadoreñas y andureñas,
porque es que es un mal que nos está agarrando por región el tema de narcotráfico,
Cristo bendito, ese mal ya que es transnacional, ¿verdad? O sea, sumado a todo esto,
se nos viene el narcotráfico que también, digamos, afecta a nosotras las mujeres.
¿Por qué? Porque de alguna manera, a donde ellos van, va también la trata de personas,
que es otro mal que hoy por hoy nos está afectando en el área centroamericana.
Y en el área donde hay narcotráfico, hay también trata.
Y eso nos afecta a las mujeres, porque es un mal que llega directamente a las mujeres.
Entonces, si nos damos cuenta, y es por eso que las mujeres no podemos ceder ni un milímetro,
en las agendas de gobierno, en las agendas de los partidos, en las agendas legislativas,
tenemos que garantizar que el tema de las mujeres esté presente ahí,
pero no solo como una declaración de buena voluntad, sino que haya también los programas,
las políticas acompañadas de la plata para que eso se pueda implementar, porque todo es plata.
Sin plata usted no puede, sencillamente yo como digo, con cada centavo,
con cada dólar que se da, se salva una vida, se salvan vidas.
Y nosotros ahorita estamos en países como México, como Guatemala,
yo siempre digo que estamos arrebatándole vidas a la muerte, así sencilla y llanamente.
Estamos arrebatando esas vidas, porque ya no hay que sumar, yo siempre digo, ya no sumemos a las muertas.
Como movimiento de mujeres se ha avanzado en hacer todo un andamiaje legislativo
de protección a los derechos de las mujeres, de garantizar la no violencia contra las mujeres,
de generar toda una estructura, una institucionalidad que garantice, digamos, la no violencia contra las mujeres.
Tenemos que empezar también a sumar cuántas vidas ese andamiaje del Estado está salvando,
porque si no está salvando vidas es porque no sirve.
Entonces renovémoslo, transformémoslo, pero no sigamos contando muertas porque a la larga nos acostumbramos,
a la larga empezamos a decir y a veces se cae la tentación, este mes solo mataron 50,
o sea hubo más de una por día, entonces no están alarmantes.
Entonces es una dinámica y ojo acá con esto, porque toda la agenda de las mujeres se nos puede parar
si no controlamos la violencia contra la mujer, la violencia contra la mujer la debemos de poner un ojo muy especial.
No es un tema más de la agenda, es que sencillamente si dejamos que ese tema se nos vaya de las manos,
como hay un dicho que dice en Río Revuelto ganancia pescadores.
Si las mujeres nos entretenemos en pelear por el derecho a la vida todos los días,
vamos a dejar de luchar por los otros derechos y eso únicamente le conviene al patriarcado porque nos tiene entretenidas.
Por eso el tema de la violencia contra la mujer hay que desecharla en nuestras sociedades
si queremos crecer, si queremos ser estados fuertes, democráticos y tener realmente una vida con bienestar
y las mujeres con una participación activa en todos los estratos, en todos los ángulos de la sociedad.
Así que muchas gracias. Ya me llegó mi tío.
