y vacío en el centro.
Yo me llamo Orlando y, bueno,
le dedico a meditar todas las mañanas en la plaza de ópera,
soy una persona normal, le gusta trabajar, tengo mi trabajo,
tengo mi negocio, no soy ningún extraterrestre.
Llevo a meditar de una forma regular, unos seis años,
he meditado muchas horas, muchísimas horas,
y me consideraré siempre un principiante, la verdad,
porque la meditación es un camino que no parcete del fin.
Un día entré en una librería, compré los libros,
y de pronto, pues allí, que pase una hora,
buscando libros, no me satisfacía ninguno,
hasta que vi una imagen de un Buda de madera en un rincón,
y me di cuenta de que mi próximo libro iba a ser ese,
simplemente sentarme, respirar, y estar atente y concentrado
en mi respiración, manteniendo esa postura.
Yo creo que la meditación forma parte de la condición natural
del ser humano, no es algo que tengamos que aprender,
creo que lo llevamos dentro, pero lo hemos olvidado.
Cuando estamos en silencio,
simplemente mirando algo, contemplándolo como es,
sin querer sacar extraer juicios ni enseñanza en una puesta de sol,
en el mar, en una montaña,
simplemente estamos serennos tranquilos, concentrados,
en eso que estamos mirando, estamos meditando.
Yo voy meditando en la calle dos años.
Meditar en la calle subquímenme, de una forma también,
espontánea y no premeditada,
pero sí que sentí la necesidad de transmitir y llevar esa postura,
esa actitud en la calle, al mundo,
de ponerlo ahí en medio, de emplazarlo en medio del suelo de la plaza
y hacer que la meditación fuese algo visible,
algo mostrable ante el mundo.
Entender, mostrar a las personas que todos los días pasan
a mi alrededor llenas de prisa y de agobio,
porque van rápidamente al trabajo a llegar los niños al colegio,
que vean que otra posibilidad, otra forma de estar en el mundo,
sin la meditación en la calle, puede tener un doble sentido.
Es poner la meditación en la calle
y, por otro lado, poner la calle en la meditación.
Y esto es muy interesante, porque estamos acostumbrados a meditar
en lugares de espacio cerrados y protegidos.
Y cuando uno medita en medio del mundo,
uno está en medio del mundo y está en medio también de su mundo,
su mundo interior, cómo se revela y se muestra
ante las posibles amenazas o posibles miedos que surgen
cuando estás en el periodo de la gente y de lo que pueda pasar.
Y también observar ese mundo interior cómo se mueve
y se manifiesta en medio de ese caos,
las reacciones de las personas.
Normalmente son reacciones positivas,
aunque no importa que haya reacciones de todo tipo.
Eso es abierto, que me digan lo que sea, lo que quieran.
Hay gente que hay personas que, en alguna manera,
no les ha sentado bien, no le han hecho ver.
Y hay personas que te confunden.
Para muchas personas, simplemente soy un mendigo,
dejan monedas, me dejan monedas, me dan limósulas.
Otros, pues, me agradecen la actitud,
dicen que les da paz, les da tranquilidad, verme allí.
Y creo que son personas que se están familiarizando ya conmigo
y con la imagen del meditador en la calle.
Me gusta llamarme eso, así es una idea que me ha ofrecio.
¿Por qué no te pones un domingo en el meditador callejero?
Algo que suena muy de la calle, ¿no?
Es muy desgarrado, también un poco así.
