A mi yo que se quedó en España, a mi yo que algún día regresará, resumiendo a mi
yo perdido.
Vivo desde hace un año en el bosque de Din, al sur de Inglaterra, tocando a Gales.
Viene por un proyecto de voluntariado en un centro situado en medio del bosque.
En él trabajo todos los días en la cocina o en el jardín.
La principal misión de mi trabajo como voluntaria es cuidar de la gente que se hospeda en la
casa.
Lo que más me interesa de todo ello es el entorno en el que vivo en medio del bosque
y cómo eso afecta a mi día a día.
Nunca antes había vivido en un entorno natural, me había llevado una vida rural.
Lo curioso es que desde que llegue aquí siento que pertenezco a este lugar, que me arrancaron
de él y que los ritmos que marcan este entorno equilibran mi vida.
Estas cartas intentaron una reflexión sobre ello, a que llevo tiempo preguntándome, ¿es
este realmente el lugar al que pertenezco?, ¿es esto un sentimiento genuino?, ¿es obra
de esta moda actual por llevar una vida sana como el yoga, el veganismo, los huertos urbanos
etcétera?
Verás voy a explicarte algo, esto no viene de ahora, esta obsesión por el bosque viene
de lejos.
Uno de mis proyectos artísticos se titula acciones en el bosque y lo empece en 2012.
Hacían una serie de acciones artísticas, vídeos, performance y instalación y la que
exploraba este tema que viene una y otra vez a mí, el retorno a los orígenes.
Mi tesis era que después de la crisis económica en la sociedad en la que vimos occidental
y capitalista, los valores de esta cayeron en picado.
Vimos que no funcionaba y que el despilfarro de antaño se transformaba en un intento desesperado
de ahorro.
Parece que nos hayamos dado cuenta que se puede vivir con menos de lo que teníamos.
Leí casos en la prensa en los últimos años de gente que dejaba sus casas, sus coches
y lo que había sido hasta entonces una vida dedicada a ganar dinero para volver a la casa
del pueblo, a vivir en una rulot, es decir a una vida rural.
Mi proyecto perseguía de alguna manera a través de una serie de acciones preparar el terreno,
es decir el bosque, ese sitio que dejamos abandonado para ir a la ciudad, para volver
de nuevo a él.
Le perdí perdón y leí el final de Fahrenheit 451, novela distópica donde los bomberos
se dedican a quemar libros y los que quieren salvaguardarlos no pueden hacer otra cosa
que aprendérselos de memoria y vivir clandestinamente en el bosque.
Forman una comunidad de hombres libro en la que cada uno de ellos es un libro en particular
y sus nombres son los títulos.
Otra de las acciones fue el Airworld en Desturó, durante un fin de semana campando solo en
el bosque.
La acción trataba de estarca campando hasta que acabase de leer el libro, mientras a
la vez escribía mis citas favoritas en la tela de la tienda de campaña.
Otra acción fue Secretos de Familia, donde las fotos que había encontrado en casa de
mi abuela y que ya nadie recordaba, o de las que nadie hablaba porque se habían caído
fuera del álbum de fotos eran quemadas.
Una vez quemadas distribuí las tenizas en agujeros de árboles que encontraba mi alrededor.
La acción se basaba en una tradición china que Wong Kar-Wai muestra en su película Desayandamar,
que se basa en el principio de que si tienes un secreto que no puedes contar a nadie, debes
ir a un árbol, contárselo a uno de sus agujeros y taparlo con una piedra, y el árbol guardará
ese secreto.
Por último, la última acción, Bailar en los bosques, consistió en invitar a bailarines
de danza contemporánea a bailar en el bosque.
Así que como ves, esto no viene de hoy.
Supongo que de alguna forma esta es mi sexta acción, vivir en los bosques, siguiendo los
pasos de Zuro cuando escribió Walden.
Henry David Thoreau y su Walden se han vuelto aquí mi autor y libro Fetiches.
Lo había leído antes, como también había leído en To The Wild de John Cracowair,
pero no los había entendido, no los había sentido.
Thoreau fue un filósofo y escritor que siempre se mantuvo fiel a sus principios, fantiesclavista
y amanteferor de la naturaleza, a la que siempre defendió.
Walden fue escrito durante 1845, cuando decidió construir una cabaña al lado del río Walden
en concor Masachuset.
A lo largo del libro, el autor nos explica cómo fue su vida allí durante los dos años
que decidí aislarse para escribir y pensar, y aprender de la naturaleza formando parte
de ella.
Reflexiona sobre su precaria economía, su soledad, los animales y las plantas que
le rodeaban, también las visitas que reciba de caminantes y amigos.
Sus reflexiones más interesantes son las del papel del hombre ante la sociedad y cómo
está, según él, comir tal hombre en un salvaje más civilizado.
Su tesis principal es que la vida en la naturaleza es una vida sencilla, una vida más auténtica
y menos falsa.
Puede que es un es romántico, ingenio y algo old school, pero en esta sociedad actual
donde internet y los smartphones ahoga nuestro presente, donde la ciudad está llena de gente
que ni se mira entre sí, es interesante preguntarse qué perdimos en el camino y si estamos dispuestos
a volver a él.
Eso es lo que yo me propuse veniendo aquí, teniendo en mente día y noche su famosa sentencia
de fui a los bosques, me propuse vivirlo en primera persona, aislarme y llevar así mi
sexta acción en marcha.
Te escribo estas líneas desde un bosque que se encuentra dentro del bosque donde vivo,
tiene árboles con hojas diferentes a las que hay de camino aquí, a que me siento, leo
y escribo.
Hay silencio absoluto, hay silencio natural, donde se escucha al ardilla correr, los pájaros
cantando, las hojas moverse y los frutos cayéndose, aparte de eso nada más.
Con esta cita de Walden me despido por hoy, escríbeme si quieres a la dirección que hay
en los sobres de las cartas y en el buzón rojo que hay afuera.
Al mismo tiempo que nos tomamos en serio explorar y aprender todas las cosas, necesitamos que
todas las cosas sean misteriosas y no hayas sido exploradas, que la tierra y el mar sean
infinitamente salvajes, que no sean investigados ni sondeados por nosotros, porque son insondables.
Te veo pronto, abrazos desde el bosque, bárbara.
