Cuando yo hablo con compañeros o vemos la televisión y vemos lo que ocurre, por ejemplo, el corralito en Chipre, o vemos los ajustes cotidianos en Grecia, o vemos la quiebra de bancos en Islandia, o vemos el socorro de los bancos en distintos países de Europa,
para nosotros es decir, esta película yo ya la vi.
Mira, nosotros en la década pasada sufrimos una verdadera catástrofe económica y social.
América Latina cargaba con una deuda monumental, que era totalmente ilegítima, que era el resultado de años de neoliberalismo y de enormes ganancias de los grupos financieros a costa de la mayoría de la población,
del drenaje de nuestros recursos, de las transferencias sufridas por nuestros países, privatizaciones, desregulaciones, apertura comercial, flexibilidad laboral, neoliberalismo puro.
Y año tras año se degradaba el nivel de vida de nuestros pueblos para pagar una deuda que todos sabíamos que era ilegítima, que era inmoral y que impedía el crecimiento económico y la recuperación de nuestras economías.
Esa degradación que nosotros vivimos es la que yo estoy viendo aquí, aunque diferenciaría intensidades. No me parece ver todavía en Europa el tipo de explosiones que tuvimos en Bolivia, en Venezuela, en Ecuador, en Argentina,
como resultado de ese pago. Hay paralelos en quién ganaba y quién perdía. Hay paralelos en que nosotros teníamos a Estados Unidos definiendo dónde tenemos que sufrir y aquí tienen ustedes a Alemania definiendo quién debe ser la víctima principal.
Pero el margen de América Latina era más estrecho y por lo tanto las economías nuestras explotaron.
Bueno, cuando el ajuste llegó a la educación, cuando el ajuste llegó a la salud, cuando el ajuste llegó a la vivienda, el pueblo dijo, basta, se acabó, no lo vamos a tolerar más.
Y en nuestros países las calles se llenaron de ciudadanos que empezaron a protestar y dijeron, por ejemplo, en Argentina, que se vayan todos.
Y bueno, fue muy interesante, por ejemplo, el caso de la auditoría de Ecuador. Allí el gobierno ecuatoriano dijo, primero vamos a revisar en qué consiste la deuda.
Esto vamos a ver en qué estos papeles, estos activos y pasivos, qué significan exactamente.
Y a partir de eso vamos a discutir qué parte de la deuda es deuda real, qué parte de la deuda es completamente ficticia, cuál es un puro maquillaje financiero, cuál ha habido una inversión real.
Y ese fue un punto de partida para reordenar políticas económicas.
En otros casos, por ejemplo, Argentina, hubo una suspensión del pago de la deuda durante varios años.
Durante unos tres años la deuda quedó completamente suspendida, cesaron los pagos. Durante ese período, el dinero que se utilizaba para pagar la deuda fue inmediatamente canalizado para resolver la emergencia popular.
Empezar a reducir la pobreza, empezar a reducir el desempleo, recuperar niveles de crecimiento económico y después renegociar la deuda.
En síntesis, lo que hubo fue recuperación de soberanía económica, distancia con el Fondo Monetario Internacional y fijación de nuevas prioridades, quizás el caso más interesante es el de Venezuela,
donde se decidió utilizar los recursos del país para una redistribución de ingresos.
Y quizás más interesante que Venezuela es Bolivia, porque Bolivia es un país particularmente pobre, especialmente pobre.
Y es muy interesante cómo Bolivia, al recuperar soberanía económica, comenzó una redistribución de ingresos, mejoras sociales, preocupación por la asistencia a los más empobrecidos a partir de un giro en la política económica.
La lección es, ¿se puede comenzar a hacer políticas económicas distintas?
Uno podría quizás argumentar, y hay que tenerlo en cuenta, que lo que ocurrió en América del Sur también coincidió en nuestro caso con una situación económica, coyuntural,
que no favoreció América Latina exporta bienes básicos, vive de la venta de combustibles, minerales, productos básicos,
y hubo en los últimos años una recuperación muy fuerte de esos precios, lo cual le brindó a América Latina un gran respiro, un gran alivio por ingresos en materia de exportaciones.
Es decir, no todo es simplemente resistencia popular, también ha habido condiciones económicas diferentes, pero sin respuesta popular no hay solución.
Los países donde no hubo respuesta popular, por ejemplo México, donde se mantuvieron políticas neoliberales ortodoxas, el ajuste continúa.
¿Cuál es la diferencia entre el discurso oficial que se escucha aquí, entre los mensajes de los funcionarios que se propagan aquí
y lo que se decía en las épocas del neoliberalismo más extremo en América Latina?
Siempre el discurso era el mismo.
Ya salimos de la crisis y uno notaba que estaba más pobre, ya salimos de la crisis.
Y uno perdía empleo, no te preocupes, ya salimos de la crisis y explota la pobreza, pero pronto, pronto se termina.
Y había una especie de transmisión de ilusiones ficticias de un edificio que se derrumbaba, pero que nos decían que cada vez está más cerca de la salida.
El neoliberalismo es perverso en el plano económico y en el plano ideológico.
En el plano económico porque empobrece a los pueblos y enriquece a los banqueros y en el plano ideológico porque maquilla, porque disfraza esa política
con discursos fantasiosos que glorifican al mercado y que nos transmiten una idea del capitalismo que es completamente mítica.
Durante años en América Latina nos decían que había que competir, nos decía que lo principal era el sector privado,
que lo principal era la capacidad de las nuevas empresas privadas para crear empleo y nosotros veíamos que ocurría todo lo contrario.
Pero ellos mantenían ese discurso que en un momento, creo que es el momento de quiebre, la población percibe que le han engañado.
Y ese momento es cuando los neoliberales que tanto aman la competitividad, la empresa privada y la inversión sana rescatan con dinero público a los bancos.
Y en ese momento no dice, pero hombre, ¿cómo es esto?
No era que aquí cada uno tenía que asumir su riesgo, no era que aquí aquel que tomaba una decisión, después se tenía que hacer cargo.
¿Por qué con los recursos públicos que nos están cortando a nosotros rescatan a los bancos que son los responsables de la crisis que estamos viviendo?
Y ahí cuando la población notó esa duplicidad en el discurso oficial,
yo creo que comenzó la irritación primero y la sublevación posterior contra el neoliberalismo.
Que es una simple mentira, son sectores que defienden a los bancos y que disfrazan esa defensa con un discurso completamente mítico.
Una analogía importante es la destrucción del rol del Estado en su papel, en su rol de ejercicio de cierta protección social.
Nosotros en los países, algunos países latinoamericanos como Argentina, sería un caso muy llamativo, teníamos no exactamente un estado de bienestar como el europeo,
pero niveles de conquistas sociales muy significativas.
Y empezó la privatización, la privatización de los recursos naturales, la privatización de las jubilaciones, la privatización del transporte, la privatización de la energía.
Y se nos decía que ese era el camino para que el país tuviese alta inversión.
Y el resultado es que después de 10 años de neoliberalismo, tú lo que tienes son simples ganancias financieras de los grupos que han participado en esas operaciones.
Y cuando estalla la crisis, el país ya no tiene reservas.
Porque el millonario ya se llevó todo, el país tiene comprometidos sus fondos con pagos en el exterior y no tenemos ya nada que hacer.
Entonces también es importante actuar preventivamente.
Es importante actuar antes que la crisis llegue a un momento donde los márgenes de acción sean muy reducidos.
Porque si tú tienes que hacer nueva política económica sin ninguna reserva en el Banco Central, ya es muy difícil sostener una moneda alternativa.
Ya es muy difícil introducir planes de crecimiento porque ya no tienes nada.
Quizás otro tema de analogía importante a tener en cuenta es la necesidad de actuar juntos.
¿Cómo actuar en común? Porque cuando actúas en común, tú te puedes plantar frente al acreedor, frente a los poderes centrales y diciendo no, no soy un país.
Somos varios países.
Y nosotros vamos a cesar el pago de la deuda externa en forma coordinada.
Y nosotros vamos a formular otra política económica en forma coordinada.
Claro que eso siempre requiere un ejemplo.
Eso siempre requiere que un país tome la iniciativa.
Que el más valiente, el más afectado, el más necesitado tome la decisión de, bueno, yo comienzo.
Obviamente, completamente legítimo y comprensible.
En nuestra experiencia es que el problema es que el crédito te lo cortan igual.
Porque ellos definen qué hacen con ese crédito según cómo ellos quieran.
Entonces te dicen, ¿o pagas o te corto el crédito? Si no pagas, te corto el crédito.
Si pagas, también te ajusto el crédito.
Entonces es vivir con una soga al cuello, ¿no?
Donde ellos van apretando según cómo ven que tú reaccionas.
Y cuando uno nota que si pago, me cortan.
Si no pago, me cortan. Si cumplo, me cortan. Si no cumplo, me cortan.
Es estar en manos de ellos, ¿no?
Y ese estar en manos de ellos conduce a la resistencia.
El único camino es sacarse de encima esa soga.
Y una vez que uno se saque de encima esa soga, bueno, discutir de otra manera.
Porque al que hay que cortarle el crédito es a los que despilfarran el dinero, es a los banqueros.
No son ellos los que tienen los derechos de decir quién tiene que tener crédito.
Ellos deberían pagar y no nosotros, los pueblos, estar solventando con nuestro dinero
los de falcos que hacen los banqueros.
La pregunta es hasta qué punto uno va a seguir tolerando
un ajuste que va a seguir con otro ajuste, ¿no?
Porque lo que me parece evidente es que Europa está empujada
a un proyecto de amoldamiento al capitalismo neoliberal
y que no hay retorno a la prosperidad ni al estado de bienestar,
ni al crecimiento sostenido, ni a la posibilidad de alto consumo,
con empleo, como una otra época. Quizás en el momento que el grueso de la población
perciba que el escenario es ese, bueno, se abran caminos de cambio radical
también aquí en Europa.
