Desde Aksur llevamos desarrollando este proyecto, esta actividad en el marco de un proyecto
mucho más amplio, el de estrategias feministas para el desarrollo que tiene como objetivo
la incorporación de las perspectivas feministas y de derechos humanos en la cooperación
en las acciones de las ONGs al desarrollo en el estado español y trabajando fundamentalmente
en dos ejes temáticos que son los derechos sexuales y reproductivos y los derechos económicos.
La crisis al menos en Europa nos está haciendo cuestionarnos muchas cosas, nos está haciendo
enfrentarnos también, mirarnos en el espejo de que fue bien, que fue mal y cuestionarnos
dónde queremos estar, con quién queremos estar y en qué tipo de espacios queremos estar.
Todas allá estamos viviendo esta suerte de crisis permanente, ¿no?
Costa Rica que logró quizá el nivel más alto de movilización contra el TLC más imaginativo
y todo, no ha logrado salir, ¿no? ¿Por qué? Porque no hubo ese enganche suficiente
con el nivel de lo político. Hay que estar en la política, sí, pero
yo creo que en Europa la experiencia fue diferente y se apostó más por lo político, por ese
poder y se estuvo menos en la calle y ahora las organizaciones estamos muy desvinculadas,
por ejemplo, de los movimientos sociales de base, no hemos estado en la calle, hemos
funcionado más como pequeños lobbies. Entonces ese ojo político es fundamental y esa audacia
política es fundamental, no pensar que todo ocurre en la esfera de la movilización social
y hacia la ciudadanía, hay que interpelar a la política y guardes ahí.
Se debe de haber una mancomunidad entre lo uno y lo otro, así como estamos en la calle
porque tenemos que estar en la calle en este momento aquí, allá y en todo lado y la solidaridad
nuestra con ustedes es muy importante. Esa mancomunidad tiene que reflejarse en que
tenemos que tener representantes con vos, con vos propia nuestra que estén allá, yo
no digo que sea del partido A del B del Z, sino que tengan vos nuestra, que lleven nuestras
vuestras miradas y que nosotros podamos hacerse un seguimiento a lo que dicen, ¿no ver?
Hay que tomar el poder para cambiar y para transformar.
¿Cómo cambiamos el poder? Pues llegando al poder, es como es la manera y legitimándolo,
¿no? Y yo creo que además en ese proceso las mujeres y las famílicas tenemos que tener
nuestra propia agenda, no podemos esperar a que cuando llegue al poder va a haber igualda
para repartir para todo el mundo, ¿no? Nosotros tenemos que llegar ahí y hacerlo con nuestra
propia agenda porque sino al final siempre se nos veamos deja de lado, ¿no?
En América Latina, nosotros de los 30 años, 20 años, estamos en el momento fuerte del
neoliberalismo que hizo una ruptura, una separación del económico y lo social.
Y eso ha sido uno de los procesos bien importantes tanto allá como acá, ¿no?
del neoliberalismo, de cómo fue delinitando qué es económico, qué es social, a quién
le corresponde cada agenda, cómo debe tratarse desde la política pública y cómo debe tratarse
desde la sociedad. Entonces, lo económico cada vez más ha sido convertido en dinero
y mercado y negocios. ¿Y qué? Entre el lado de lo social iba quedando todo el resto.
Trabajo, pobreza. Y pues obviamente las mujeres.
Es coincidencia de las propuestas que desde la economía feminista se están haciendo
por la transformación social y luego por otra parte también el papel que las mujeres
y el feminismo estamos desempeñando en este proceso como actoras y como realmente protagonistas
de todos estos procesos. Lo que ha ocurrido en América Latina en estas décadas es que
hemos tenido que ir reapropiándonos de la agenda económica, de nuestro estatus de
actoras económicas y del hecho de que estructuralmente la economía capitalista se organiza y se
basa en unas relaciones de género que son consustanciales a su funcionamiento económico.
Estamos ahí. Estamos en la calle, estamos en los espacios
de Poder y esto ya no para. No tiene fin. Está empezado pero ya no termina.
Lo bajo del hogar es básico. ¿Por qué? Porque viene a suplir las necesidades de cuidado,
las necesidades de las tareas del hogar que tienen que estar hechas y que son necesarias
para tener una calidad de vida y de poder dedicarse así las mujeres en especial al trabajo productivo.
Cuando ya estábamos viviendo esta suerte de crisis permanente, las mujeres nos visibilizamos
porque se notaba no solo que somos impactadas sino que somos protagonistas de las estrategias
de sobrevivencia para ser frente a la crisis, que no era cierto que somos trabajadoras
secundarias que salimos en unos momentos al mercado y luego nos replegamos sino que seguimos
y seguimos y seguimos en el mercado, nosotras aportamos al economía.
La situación actual, cómo afecta la recorte y la crisis a las mujeres, se está evidenciando
cada día. En el tema laboral, aunque no había una igualdad, se está evidenciando que ahora
no interesa contratar a las mujeres porque se quedan embarazadas, entonces bueno, se
puma en baja y no compensa a una empresa privada. Las madres alteraciones muchísimo menos ayudan
y les cuesta más sacar adelante a sus hijos en temas de educación igual.
En el fondo, ese mandato de género que tienen los hombres de ser los sostenedores económicos
del hogar, cuando ellos ven que es imposible, lo que hacen es abandonar. Nosotros tenemos
muchos casos en la plataforma afectada por la hipoteca de mujeres migrantes que están
en procesos de ejecución hipotecaria y lo que ha hecho el padre de familia que no ha
sido capaz de mantener su sostenimiento es abandonar, es irse. Ellas son las que se han quedado aquí
y han luchado, haciendo público lo que se considera algo privado, mi espacio doméstico
y hago una lucha con ello.
Las amadoras del hogar tienen una lucha muy fuerte en Bolivia. Por ejemplo, el hecho
de que una de las amadoras del hogar, como lo decía ayer, haya sido ministra de justicia
en nuestro país, ha significado un escándalo entre abogados. Realmente decían, ¿qué es
esta señora? ¿Cómo es posible? Entonces creo que ese tipo de cosas son las que tenemos.
En eso estamos en el país.
Sí, dignificación de las condiciones, pero cómo la visión del buen vivir nos lleva
a revalorizar la reproducción como tal y entonces a ver qué ese no es. Esos trabajos
no son de segunda categoría, no son eso que no debería hacerse y que nadie debería
hacer. También es una reubicación simbólica y material que va más allá de los derechos
laborales.
O sea, las personas satisfacemos nuestras necesidades via intercambio, es decir, que
nos proporcionan lo que tenemos, pero también tenemos una serie de necesidades y materiales
de afecto, de cuidado, de relaciones con el entorno, que determinan lo que somos y que
en última instancia van conformándonos esta idea de que somos interdependientes, que somos
personas vulnerables y que somos ecodependientes.
Va por a luchar, y como había hablado mucho de vosotras, es el empederamiento.
Y el empederamiento acompañado, que no es eso que una persona también se sienta acompañada
en la toma de decisiones o a la hora de, sobre todo, cuando está más vulnerable, no, cuando
le afecta directamente a derechos tan importantes como en la vivienda, como en la salud.
Pero el agua, la tierra y el aire deben ser considerados como derecho, ¿no? Nosotros
hemos utilizado en el mundo occidental los recursos para nuestro beneficio, en este
caso deberíamos generar un equilibrio.
Probablemente los retos en torno a la defensa de los derechos económicos proviene de
cómo gestionamos esa interdependencia y cómo se distribuye la responsabilidad de esa gestión
de una forma democrática, colectiva y desfeminizada, claro, ahí están los retos.
Lo que nos hace falta son más jornadas en cuentos de este tipo donde podamos aprender.
Todo conocer todas las experiencias que está habiendo, las experiencias en los países de
América Latina, me parecen fundamentales.
Ahora podemos decir en los proyectos de cambio, en los proyectos alternativos, no solo pues
esto, resolvamos la igualdad de género desde la política social, sino resolvamos la igualdad
de género desde un nuevo sistema económico, desde una nueva estructura, desde la integralidad
de políticas.
