Mi estilo de vida es así, es demostrar, decir lo que siento a las personas.
Trato de transmitir algo.
Cuando hago malabar y me expreso con una mirada hacia el público.
Si me preguntan qué quería hacer de niño, es quería cambiar el mundo.
O quería cambiar mi barrio, más chiquito.
Como todo joven que nace de una familia humilde en los cerros de comas, quería cambiarlo.
Mi estilo de vida me llevó a los malabares y los malabares me llevó a conocer al arte
y el arte me llevó a no pensar ya en mí.
Canalicé todo, toda esa energía de ayudar a las personas con risas, con asombro.
Lo malabares cambió mi forma de ayudar a la gente.
Comenzé a hacer malabares para poder vivir.
Era totalmente independiente y eso me gustaba.
Nunca he trabajado en otra cosa.
No sé qué es ganarme en soledad, no sé qué es ganar quincena.
Siempre he hecho malabares.
Cuando hago malabares, siento que solo fluye mi cuerpo.
Una persona que hace malabares, que levanta la mañana y dice, ¿dónde voy hoy día? ¿Qué es el máforo?
Tienes 30 segundos, 40, 50 segundos para demostrar a la gente de qué estás hecho.
La gente cuando te ve, ahí te va a dar una moneda con cariño porque saben lo que estás haciendo te ha costado.
Te ha costado años, te ha costado entrenar y aprecian tu arte.
Pero siento que puedo más y siento que debo.
Cuando hago malabares, sea en la calle o entrenando, siento que no me importa si me dan dinero.
Solo me importa divertirme, conectarme con ellos, mirarlos, demostrarles lo que sé, lo que siento, lo que pienso.
Cuando hago malabares, a veces no siento, solamente soy.
