El sonido de las hojas le silba al otoño. El temblor de las vías fue capaz de romperlo
un instante. Muere otro inocente. La impunidad baila en la plaza del pueblo, al lado de
la iglesia frente al ayuntamiento cerrado. Una caminata de pies cansados. No se arrube
hacia los ojos. Los familiares de las víctimas. La alcaldesa hablando cuidadosamente del
tema. Mi amigo Mariano explicándome lo sucedido. Las consignas. Soterraement ara. Soterraement
ara. El tren arranca. Pero las penas se quedan.
Para nosotros, para mis hermanos y para mí, pues,
ha sido el palo más grande de la vida que nos podíamos dar. Encima, mi hermano era
un chaval que sentíamos mucho apego a él, mucha protección y de un día a otro.
La impunidad era un doble asesino. En matar dos veces un muerto.
En este momento, seis. Contabilizadas, vamos a dar 166 víctimas. Cuatro este año.
Pues este es el monumento que tienen aquí, en recuerdo a las víctimas, y como podéis
ver, por cada agujero es una víctima. Cuatro en este año. Mestión de dos meses o tres
en mil y dos cuatro. Y esperemos que no se tenga que hacer ninguna agujerito más.
Pues hoy, Laura Campos Herrera, caldesa de Moncada, de Moncada y Rechán. El futuro de
Moncada pasa por el soterraimiento de la R2. Llevamos muchísimos años ya reivindicando
justicia histórica. Estamos ya cansados, ya tenemos suficiente víctimas y suficientes
problemas que nos comporta el tener una cicatriz urbanística en el cielo abierto, digamos,
y por cohesión urbanística, por cohesión social, y luego para quitar el peligro perpetuo
que tenemos con los dos pasos a nivel que nos cortan el municipio y nos apartan los
barrios y nos los dispersa. Son dos pasos a nivel que son completamente anacrónicos
auxorletos con faltas de medidas de seguridad y que ya se ha causado ya demasiadas víctimas,
166 víctimas que se ha llegado a la R2 y nos dejaremos la fierta la que mañana vemos.
Mi hermano murió a las seis y 23. Y a nosotros nos llamen a las siete de la tarde y después
de 12 horas.
