¡Hemos venido ya al sur a ver uno de los mercados tradicionales de aquí, en este caso de los
salis, se caracterizan porque tienen sus brazaletes y sus cositas, muy monos todos. Lo que pasa es que
como está prohibido absolutamente de grabar, si no estás pagando esas cosas, lo hacemos todo
de robados, pero merece la pena, aunque está más dirigido al turista que a todos los locales. Bueno,
pues nada, aprovechamos aquí, que estamos en el mercado, para felicitar la Navidad a todos y el
niño este que me sigue metiendo mano para ver si trancado algo. Al final le voy a tener que echar
la bronca, ¿eh? Sí, muy buena la cámara, muy buena la cámara, pero aquí nada, pues felicidades,
he ido en el catorce, se oriona de no ir y está Happy Christmas. ¡Bye, bye, bye!
Que Yafar es una ciudad relativamente grande y cosmopolita para los estándares del Valle de Homo,
y eso a pesar de que solo se compone de un cruce de carreteras y menos de un centenar de casas.
El pueblo dominante son los aris, sin embargo también lo habitan los vena y los hammer,
que viven en la ciudad y sus alrededores. Los aris ocupan posiblemente un territorio más
amplio que ninguno de los grupos etnolinguísticos de Homo Sur y cuentan con más de 120.000 miembros.
Los aris de las tierras altas y las tierras bajas tienen economías de subsistencia bastante
diferentes, pero ambos son agricultores que cultivan distintos cereales, como café y
en set. Crian animales y producen una miel excelente. Las mujeres de este pueblo visten
tradicionalmente envueltas en sus góri, un vestido hechos con hojas de las plantas de en set y caísaja,
y con sartas de cuentas de colores y pulseras alrededor de la cintura y brazos. Los hombres
visten con faldas cortas que dejan a descubiertos muslos fuertes casi en su totalidad. Además,
gustan de cubrir sus brazos con coloridas pulseras y brazaletes. Asimismo, sus cabezas las adornan
con llamativas pinzas elaboradas y además. En general, podemos afirmar que cualquier objeto
susceptible de ser usado como valorio solo son necesarias dos premisas, que sea de colores
llamativos y que pueda fijarse al cuerpo de algún modo. El mercado se divide claramente en dos
zonas, la dedicada a los turistas donde se vende todo tipo de tallas y objetos típicos no perecederos,
y el dedicado al comercio local constituido por verduras, animales y la excepcional miel,
una de los productos estrella de los árboles. ¿Qué está pasando? ¿Qué está pasando? Que hay un montón de abejas.
Un montón de abejas. Se ha habido a ver un avispero. ¿Sabes? Un avispero.
Todos van a ver el autobús que se ha estrellado hace unos días o hace un rato.
El morbo de la gente, se conoce. Bueno, aquí está el autobús, no es que haya sido hace días,
es que el conductor todavía está dentro, observando o esperando a que venga la grúa.
Yinka es bastante más grande que Keke Yafar y es la capital administrativa de Omo Sur. Su
existencia prácticamente aislada del resto de Etiopía confiera a Yinka un ambiente bastante
pintoresco que combina tributos urbanos y rurales en proporciones iguales. La ciudad parece estar a
caballo entre dos mundos. Alta, fresca y húmeda, Yinka presenta grandes diferencias respecto al resto
de Omo Sur y ofrece además servicios habituales de las pequeñas ciudades, como estaciones de
servicio, bancos y unos cuantos hoteles. Por otro lado, algunos elementos, como la pista de aterrizaje
de hierba en el centro de la ciudad, dan al traste con cualquier pretensión que Yinka pudiera avergar
de ser algo más que un centro administrativo pequeño y olvidado en el medio de ninguna parte.
El mercado de los sábados es el más grande de la región y atrae a muchos comerciantes de todo
Omo Sur, aunque no es para nada tan pintoresco como el de Keyafar, ya que la mayoría de ellos
visten ropas occidentales. Aquí se vende de todo, huevos, legumbres, hortalizas, carne, especias,
sal, keroseno, manteca, miel... La actividad comienza tarde, no antes de las 11 de la mañana,
pero se prolonga más allá de las 4 de la tarde.
Algo tiene el agua cuando la bendicen, así que si todos hablaban mal de la visita a los
mursi, no sé qué nos hizo pensar que la nuestra sería diferente. Son un grupo inconfundible de
pastores con una población de 5.000 personas y mundialmente conocidos por un elemento verdaderamente
estrafalario de su decoración corporal, los famosos platos labiales. La costumbre dicta que,
cuando una mujer alcanza los 20 años, se practica un corte bajo su labio inferior que crea un pequeño
orificio. A lo largo de los años, este orificio se va dilatando mediante sucesivos platos de
barro de distinto calibre. Cuando mayor sea el plato labial, mayor será el valor de la mujer
cuando está secase. Los más grandes permiten obtener un precio de 50 cabezas de ganado.
Pero antes de que alguna feminista ponga el grito en el cielo, añadir que el camino al matrimonio
para los hombres mursi tampoco es un camino fácil. Tradicionalmente, no se puede encasar a no ser
que hayan conseguido un donga. Tradicionalmente, no se puede encasar a no ser que hayan conseguido
una donga, una lucha con palos en la que dos contendientes embardonados de pasta de yeso
blanco se vapulean con violencia, con unas pértigas pesadas de dos metros de alto. En
épocas anteriores, las luchas a muerte eran habituales. En cualquier caso, la visita comenzó
torcida. Nuestros guías eran Ari y estaban temerosos, pues un par de días antes los mursi habían
matado a dos aris por disputas tribales, así que tenían más ganas de terminar que de empezar.
Por otro lado, los mursi sólo nos veían como monedas con patas, y su único afán era iniciar el
negocio. Aquello parecía una lonja de pescado donde en vez de bonitos se vendían mursis. No
estaban para nada interesados en mostrar su cultura, y no sabemos si los tuvieron alguna vez. El único
interés que tienen en los turistas se escribe con cuatro letras, bir. Merció la pena, posiblemente no.
Tengo los ojos. ¿Qué te pasa? Pues nada, que venimos de la excursión de ver a la tribu de los
mursi. Super guay, verdad? Super guay. Increíble. Tiene la cámara sucia como siempre. No, no la toques.
Para repetir, ¿no? Para repetir. Hombre, está bien, pero no deja de ser un circo. Un circo,
tú crees? No, ha sido todo muy bonito. Pero bueno, independientemente de la tribu, el paisaje,
el paseo, el moto y todo eso, pues está bien. El problema es cuando tienes que pagar más a la
tribu, los cientos, ¿vieres? ¿Por qué? Porque lo mando yo. Cuando el jefe dice algo, pues hay que
equiplerlo. Y luego también está bien cuando tenemos pinchazo. A mitad de la carretera, en
tierra de nadie, en pleno parque natural, pues tienes un pinchacillo. Sin agua, sin nada, estupendo.
