¿Cuál es tu opinión sobre el tema de tu vida?
Bueno, nosotros nos conocimos por internet.
Yo quería estar más cercano, tenerla a mi lado, mirarla a la cara.
Y ella me decía que no, que como todavía no me conocía,
pues claro que le daba cosa a quedar conmigo,
porque no se fiaba a ver, lo entiendo, era desconfianza, es normal,
no me conocía de nada.
Era una sensación como que ya no nos habíamos visto en persona,
pero hablábamos como si ya nos conocíamos,
hasta que al final me decidí en darle el número de teléfono.
Fui a buscarla a su casa, ella estaba abajo en el portal,
me acuerdo, muy arregladita, muy guapa.
Y al subirse al coche, estaba desconfiada, estaba nerviosa.
Y me decía, bueno, ¿qué? ¿Soy tan guapa como te esperabas?
Porque yo siempre le repetía que era muy guapa.
Y yo le contesté, no, eres mucho más en persona.
En ese momento estaba sonando una canción.
Y le dije, oye, ¿tú escuchas este tipo de música?
Dice, sí.
Entonces ya como que dije,
pues, ¿qué parece, está hecho para mí?
Luego, cuando me llevó a casa, nos despedimos,
a ver si nos vemos otro día, un poco cordial, todo.
Cuando voy a abrir la puerta del coche para irme, me dice...
Bueno, ¿qué? No me vas a dar un beso de buenas noches, ni nada.
Y dije, pero aquí no.
Y entonces él me contestó, aquí se los doy a mi madre.
Pasados unos meses, un largo tiempo,
tuvimos como un pequeño parón de reflexión,
porque yo tuve un problema de salud.
Yo quería ayudarla porque las relaciones
se basan en lo bueno y en lo malo.
Yo no quería separarme de ella porque ella estuviera mal.
Llegó el cumpleaños de unos amigos,
de los cuales teníamos los otros en común.
Ya había pasado un tiempo, pero yo seguía pensando en ella.
Yo no había dejado de quererla.
Hasta que llegó el momento que entró.
Bueno, yo la miré, ella me miró, se nos miraron los ojos.
En la discoteca pusieron salsa.
Yo me acuerdo de sacarla a bailar,
hicimos cuatro pasos juntos.
Ella me dio ese anillo y me dijo...
Toma, quiero que te lo lleves
y la próxima vez que nos veamos, me lo das.
Salí del trabajo corriendo, bautcharme a casa, ir a verla,
cogí el anillo y...
Entonces, cuando apareció por la puerta y lo vi,
fue como que nadie existía,
todo el mundo que había en la habitación,
recién subida de quirófano yo.
Le cogí la mano, yo le volví a poner ese anillo.
Y ella entonces me cogió la mano, me apretó.
Dije, no se me puede escapar.
Lo he perdido, lo tengo clarísimo.
Clarísimo que es el hombre de mi vida.
He hecho un corazón gigante, enorme, de color rojo.
Lo pinté yo con la fecha en que nos conocimos,
le hice una poesía y cuando salió del deportivo,
toda la gente mirando y yo solo se veía corazón.
Con el corazón así, delante de la puerta del gimnasio,
él se quedó.
Dí la cámara a mi primo, primero le dije,
graba este momento, pero él me decía,
¿por qué, qué pasa?
Digo, graba y escucha.
Me arrodille delante de ella y, bueno,
pues saqué la cajita y le pedí que se casara conmigo,
que aparte de ser la noche de mi cumpleaños,
yo quería que recordáramos aquella noche
como algo más, como algo bonito,
como algo especial.
