Nicolás Ernesto, Cindy Viviana, ¿han venido aquí a contraer matrimonio por su libre y
plena polunta sin que nada y nadie les presione?
Sí, sí vengo, libremente.
Sí vengo libremente.
Sé que a veces soy difícil de entender que puedo lastimarte sin querer.
Sabes bien, sin querer.
Yo, qué tanto te he intentado proteger.
El héroe de tus sueños quiero ser y no sé si estoy bien.
Pero sé que te amo y solo quiero devolver un poco de lo que me has dado.
Yo, Nicolás Campos, te acepto a ti, Cindy Viviana, como mi esposa y prometo serte fiel.
En las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad.
Y amarte y respetarte todos los días de mi vida.
Sí, contigo es con quien puedo caminar, también con quien me gusta despertar.
Quédate una vez.
Nicolás, te entrego una gran mujer que para mí es parte de mi corazón.
Es como un amante, tíala como yo le he quedado.
Y lo que Dios acaba de unir, que nunca lo separe el hombre.
Vendigamos al Señor, demos gracias a Dios.
Pues por lo tanto, todos nos unimos a esta alegría.
Les damos un fuerte aplauso a su marido mujer.
Que es a mi cuerpo la fuerza de amar como me has enseñado solo.
Tú, con tu ternura y tu luz iluminaste mi corazón.
Que me da vida en eso.
Y mi gran consejo para que este amor perdure,
siempre conserve como es como hasta ahora,
traste sin como novios.
Y que vivan los novios.
Soy su chano.
