Yolanda vive hace tres años en España sin papeles.
Ayer, cuando venía del trabajo, me encontré con una redada policial.
¿Sabes que tenían a todos contra la pared?
Así a todos, como si fueran criminales. Algunos lloraban y la mayoría estaban callados.
Tenían todos rasgos americanos.
Yo pasé así.
Por suerte, no parezco extranjera.
Yo trabajo de empleada de hogar.
De cocinera.
De planchadora.
De costundera.
De niñera.
De hacía horas de pisos.
Así lo voy a llamar también.
Al principio fue muy duro. Sólo trabajaba día y noche.
Y los domingos, cuando libraba, no salía porque no conocía a nadie.
Y por temor a los controles.
Estaba totalmente aislada.
Y además, extrañaba mucho a mi familia.
A mis hermanos.
Extrañaba a mi marido, claro.
A mis hijas.
Estoy mucho mejor.
Porque he conocido gente que está en mi misma situación.
Y nos apoyamos mutuamente.
Hace tres años, vivo en España.
Oficialmente no existo.
No tengo papeles.
En realidad, soy profesora.
De manera jueza, psiquiatra, secretaria.
Pero sin papeles, las mujeres solo tenemos dos opciones.
Trabajar como empleada doméstica.
Trabajar como prostitutas.
Y se preguntará a usted, pero ¿por qué aguanta tanto esto?
¿Por qué no se regresa a su país?
Podía explicarle muchas cosas.
En resumen, estoy buscando una vida mejor.
Punto.
