La aldea de Toya en los años cincuenta, apenas llegaba cincuenta casas para casi un centenar
de habitantes. Contaba con escuela, pero se fueron casi todos sus moradores y también
en la escuela. Todos se repartieron entre Valencia, Barcelona, Francia, algunos han vuelto, pero
la mayoría arraigaron lejos. Ahora viven dos familias estables aferrados a sus costumbres,
al pedazo de tierra que heredaron de sus padres y el pequeño huerto o granja familiar, vestigios
del pasado, pero en verano muchos de aquellos emigrantes vuelven al cobijo de los recuerdos
y la tranquilidad de un verano alejado del calor, el bullizo de la ciudad y el hogar
que dejaron. Domingo Trillo vive con su mujer y es uno de los vecinos que se asisten a marchar
de Toya. A Toya en invierno ya no llegan ni vendedores
ambulantes como en otros tiempos.
Cuando llega la primavera, Toya rompe en una explosión de colores, de colores y bullicio
cuando de la ermita de San Marco, gentes del pueblo invaden la Ardea con tan singular fiesta
romera. A los turistas y curiosos se adentran despistados en la aldea preguntando dónde
está la cámara sepulcral. Un vestijo histórico de los hiveros de una aldea que antes fue
urbe importante que conserva restos romanos, misigodos y árabes a poco que profundices
en su tierra. Aquí, donde está la gallina, dormimos nosotros y aquí nos vamos trayectos
juntos. Aquí ya hurtimos de allá cuando era muy grande, pues arriba en la cámara
de aquella, pues tenía mi madre en las camas, ya era uno de los machos, ya dormí. Mi hermana
que no tenía las cuerdas con hermana, dormía aquí con mis padres. Ya ves, se entería
la vida, ¿sí? Bien, los gastos me tocan, comiendo playa yo pienso. El pueblo estaba como estaba,
lo que pasa es que mi saca ha ido ni ha hecho obra, está igual que estaba antes y ya está,
el que quita, aunque ha estado calitón, no queda el más que Usebio y yo, pues era una
decían tomasa, Jolicicio, Jolicicio que era otro quien era, Agustín, Agustín, Agustín
y tipo abajo, Macero, el arcárdez, el Rosco Baño y ya por aquí abajo nosotros María
Llanel Puesto, mis tíos que llamaban Manuel, José del Molino y ya, después de abajo ya
están ya muestros, ya me acuerdo de antes, está de abajo, ya. Si quinta quedó poco,
pero poco, y viene uno aquí de Barcelona y se murieron ya. Esto ya hoy anda, porque
vienen aquí para 4 días, los 4 días se vayan y se quedó cerrado, se ve allá una, ya porque
ya se han ido, están recogiendo ya el pueblo y esto está abandonándose de miedo y está,
aquí habíamos travesino y no vi a nadie, no nos hablamos de culo, como los padres los
factos, mal, ellos me han manchado afuera, pues yo voy a la, a la, a la calle, eso, a la vez,
yo por mi casa yo llevo a la tuya, allá afuera,
pero aquí vivimos nosotros, los dos aquí están a gusto, si no tuvieramos tele, no estamos aquí,
ya, la tele es una distación buena y nos acompaña,
bajamos, tenemos hoy unos tarillos, los charbones y ya está, y tuvimos cuando el pimiento tomaste,
ya está, y esto lo vi, nuestro aquí, que ella paga un día fiesta, vamos, que ella va a feria,
con la feria aquí vamos, por los nietos, ahí está, es un chiquitillo, ellos ya se buscan su vida
allí ya, por los nietos, con su hijo, unos lantes que hayan por ahorita, que se va a volver a jugar, a quechada y, y juegan pesas, jodas,
este es su pueblo, nosotros somos chicos, nosotros, yo no la guardaría, esta es la cosa, son pequeños,
y cuando nos ven ya está abuelo, abuelo, venga abuelo para acá, abuelo para allá, si quieren mucho,
que vamos a hacer con ellos, hay que quererlo, yo pues mujer para mí es buena, a ver, yo creo que
se irá a ir con los payas también, esto es muy tico, cuando se sentaba la maestra, buen maestro,
lo vía la mesa, lo vía todos los vagales y ahí tenía su libro, doña María se llamaba y daba la
casa que dice ahí en la casa esta, que a la escuela, esa donde daban el palmetazo en el suelo, en la otra la meta y los vagales
afectaban, esa es la escuela dante. Domingo Trillo vive con su mujer y es uno de los vecinos que se resisten a marchar de toya,
pero Manuela Trillo emigró con poca edad, aunque año después volvió, ahora se resiste a vivir
lejos de su ardea y todos los fines de semana consigue que sus hijos la acerquen hasta la ardea de toya,
al amparo, también de sus recuerdos. La escuela que había era aquí en la casa de un nieto, era una maestra que era una escaldación,
tenía dos nietos y aquí iba a meter a todos, yo no podía venir porque no íbamos a guardar papo,
no vinieron nunca a la escuela, pero la maestra era esta paquilla hasta que se volvió, venían muchísima gente,
no después se volvió esa y la mi tonta que estaba donde varía, pero yo nunca me iba a la escuela,
se la iba a escribir para mi apaño, pero yo jamás me iba a ir a la escuela porque no podíamos,
estábamos empiegando, guardando papo y era mejor de familia a siete y no, no pude ir a la escuela,
bueno, la ardea era pequeña, pero había muchísima gente, había un sitio, un barrio y ya las casas hartas
que estaba a doyer de tico, más abajo la plaza de toya que estaba también lleno, más abajo la majailla,
las casas hartas que estaba a doyer, todos los llevábamos con familia, allí el único que había de división
era los bailes los domingos y así nos divertíamos, hacíamos ruedas y salmamos, había fiesta también,
otros días estábamos todas las noches de baile y otros días nos íbamos a escardar, era pequeña,
pero estaba bien tica de gente, la primera una decía Tomasa y el venino, luego Josefa y Marcelo,
después Antonio y Micala, después Pajarí y Chile, pero era Napodo y Martira, luego Trinidad y Héroe,
después Ramona y Tomasa, después Consuelo y Julián, bueno, pues todos nos llevábamos muy bien,
muy bien, éramos como familia, te convidábamos a la baile, te convidábamos a comer, te convidábamos a todo,
yo tenía una amiga que le di a Juana y el franquico, que eso estaba siempre de broma con nosotros,
siempre que íbamos a escardar, jugando y nos convidábamos a la baile y bailábamos y éramos todos como familia,
muy buenos todos, bueno, después estábamos con un pueblo de Narella que estaba llena, pero poco a poco,
se fueron desapareciendo, los mayores se volvieron, los jóvenes de encima del pueblo, hace ese caso a vivir,
se fueron a Francia, se fueron a Madrid, a Barcelona, donde era un hermano que se fue alicante,
mis sueños se fueron a Madrid, nosotros a Francia, que yo me fui también a Francia y me fui a Francia,
estupor de años, ya poco a poco fuimos recuperando, ahí está el gato viviendo aquí, los tres están peleados,
así que no salgan ninguno, si pasa por qué cosa tiene que llamar al pueblo a un tránsito y venga por ello,
ahora lo podemos, no lo sé, pero que no salgan ninguno, si pasa algo tiene que llamar al pueblo que venga
de alguna hacía, que se los lleva al médico, yo no he peleado nunca con nadie, todo el mundo me habla
en el pueblo y todo el mundo me habla y lo llevamos con familia, no me gustan las peleas, pero ellos por una
barra raradera, se han peleado y no salgan ninguno, por las peleas hay que dejarlas para los perros
los gatos, eso no es ser de hombre, hablase, sin hablarse por qué barra raradera, así que hay que
yo hacer lo mejor que pueda uno de los días de vida que le queda, gracias a algunos de los que
estaban peleados y se fue al campo, gracias a que los sobrinos le dijeron que copera un móvil y se fue
al campo, alguna oliva que tenían y pegó un porrazo, y como la verdad que estaba bien gostado, pues
el sobrano del móvil llamó una menos que a Madrid, alguna hermana que tenía, de Madrid llamó la
albana, llamó aquí al pueblo a una priva, y la priva lo llamó y entonces el pueblo vino a recoger
lo que estaba en el campo y salve al pueblo de la cabeza y está quedado un padrilo que está
narriendo ya, pero se le hablase con ninguno, así que el motivo de no hacer bien es ese, tener que
llamar a la madridia que vengan a su correo, gracias a que vino su hermano, una priva de él, sino
llegaba la cintura pronto sobre el encontrador del puerto, lo mejor es llevarse bien con turno
por mi madre me puso a servir, porque éramos seis hermanos de los dos, siete, mi padre trabajando, cegando, yo alcanzaba para poder mantenerlo a todo, yo me puso a servir, una mujer que estaba viuda, me daba siete pechetas al mes, me compró, me daba para mí sola,
y pasé allí los míos, los domingos que estaba todo puñándose por la carretera, me mandaba por hierba, para los correjos, luego a la fuente a portar todos los aguas, para llamar al pueblo para poder dormir los domíos, era valísima, allí tuve tres o cuatro años, después ya me vine y a cegar, era dando la comuna y cegaba con mis padres, y me pegaba en las piernas porque yo no sacaba lo que yo,
y pasaba, pasaba con puncho, luego ya aquí se pidió el verano, me puso a servir en otro sitio, con dos a uno viejo, allí estaba muy bueno, y el remate ya que estábamos bien, teníamos nuestros animales, teníamos nuestras puertas, duró tres años,
y yo me lo quitó, y que hacíamos mucho tiempo y por eso nos desvertíamos por nosotros, y ya la enseñamos a escardar, y para escardar con nosotros, pero arrancaban el trigo y dejábamos la pena, no sabíamos muy bien, pero los propieticos algo le daba,
pues ya después de la guerra, mi padre sabía muy bien, sabía los cuatro reglas, y ya me tiró en la cárcel, mi padre se escondió, era comunista, se escondió, pero dijeron con él y se lo llevaron, tuve cinco años de día, en Jai, en todos sitios, y vayo con mis padres a las seis de la mañana, a la venta, cuando pasaba a la arcina,
a mandarle una poca cachamiga que hacíamos, y en las cajas ya grandes de lata, a las seis de la mañana solas por ahí, que ni siquiera que asustaban, y necesitábamos allá hasta que nos pasábamos a la arcina, pasábamos hambre, y necesitábamos a otros mis padres, una canta era con el trigo, debajo de la cama, y todos ya llevaron, los romperon los cuadros, y íbamos nosotros con cuatro carbanzos que podíamos poner cocidos,
un poquito de tosino que lo cambiábamos, mi madre, esto en la azúcar por el tosino, iba quesada, y llevaban dos o tres kilos de tosino, y daban un trozo de tosino, un kilo,
lo poníamos en la olla, y con cuatro carbanzos íbamos con las cestas al campo, la traíamos y era borricales, calidos borricales, y eso es lo que comíamos,
cuatro porricales íbamos a los bolinos, nos daban harina, que era casi armado, y hacían mis padres con harina, pero escupía hasta nada más que paja.
Pedro, otro de los vecinos quedó soltero, y vivía en Toya hasta hace poco, la fatalidad de un accidente le dejó para pléjico,
el sevio, casi con setenta y siete años, también vive con su mujer, y se resiste a abandonar la aldea.
En esta tierra, genense, la aldea de Toya está unida a peal de becerro por una carretera bien asfaltada, cuyo ayuntamiento atiende las necesidades de los ahora dos vecinos estables.
Esta es una situación peculiar que se ha dado en todos los pueblos y ardeas de la provincia de Jaén y de Andalucía.
La gente que se fue, o sus herederos, no quieren perder el contacto y cuando pueden, invierten en remozar sus casas por mantener vivas las raíces,
también para pasar las vacaciones o los fines de semana, cuando se llenan las calles de coches y de chiquillería que remoza la vida letargada entre semana.
Los recuerdos, la vuelta, la pequeña granja, es la mejor fórmula que encontraron para resistir en la zona sin tener que marcharse.
Era una época mala que no había trabajo, se ganaba muy poco y había que trabajar todas.
Aquí Toya se veía bien, había mucho trabajo, se ganaba poco, pero había mucho trabajo.
Luego, cuando ya tuve 17 años, me faltaba poco para 18, me coloqué ahí en el pueblo más bajo el puente de la Serra,
que llaman San Miguel Segundo, ahí estuve 2 años, luego se terminó ahí, me coloqué más arriba en la Solara Torralba haciendo otros pueblos.
Mi idea es que me fui al servicio, estamos hablando del año de 1956-1958,
que luego yo me fui al servicio, me llevaron a Canaria, de Canaria estuve en el piloto de destrucción,
luego hubo la muerte de Mohammed V, y el hijo pues, que quería, sabe hacer la batalla,
y luego hay una moscada y entonces me llevaron a Sidigny, allí estuve 6 meses, 15 días en reserva,
en la Cárbila de Ramos, y 2 meses en primera línea, y a los 3 meses no bajaron la primera línea del cine a Sidigny,
a los 3 meses fue conducirme a las mujeres otra vez, allí se pasaban muchas calavidades,
yo ve y ya no podía subir el camión con comestibles, ni agua, ni comida, y a comer digo chumbo.
Todas las casas a ocupar, y a poco a poco se corriendo a Barcelona, a Nicáncia, a Benidó, a Madrid,
y ya pues quedamos pocas, poco, quedamos nada más que los que tenemos un poco aquí del terreno, los demás pues,
los fueron todos, a buscarse la vida.
Mi familia, mi padre, estaba en los cortijos, venía todos los 15 días a vestirse,
y los dineros que venaba después nos acompañábamos, salíamos adelante,
las cuerdas nos vimos las que muy poco, la maestra antiguamente también andaba poca escuela,
yo digamos también, dos o tres días nos fuimos al campo a dar clases, bajo los bolivos, y no poca cosa,
yo lo poco que sé, me enseñó mi padre, mi padre descanse, y ya está.
Si venga aquí muy bien, lo que pasa es que no hago nada que estres vecinos,
uno viva y el bajo, otro va y no, y no, nos juntamos, vivimos separados,
yo tengo, esa me gusta mucho el campo, tengo mi animalero, mis gallinas, mis palomos,
o sea que yo no tengo tiempo de juntarme con mis amigos.
Voy, ya hago tres días al pueblo, compro la comida, me abajo estoy con mi señora,
y eso es lo que pasa aquí, es un día muy tranquilo, pero eso que vemos poca familia,
ahora los veranos se juntan más, pero claro, son dos meses,
en los dos meses ya se van otra vez al pueblo y ya quedamos aquí solo,
pero que yo no, a mí no hay fecha de estar aquí solo, yo estoy aquí me agusto,
mientras que pueda, cuando dices que estamos aquí, el día mañana que no puedas,
pues ya tendré que irme con mi hijo o a ver lo que pasa, comprar, darquileo o lo que sea,
hay de cinco seis casas en venta, cinco seis casas, bueno,
los han ido, han venido a Madrid o a Barcelona y ya no vienen,
vienen las mejor 15 días y los 15 ya se van y hasta otro año,
y por dimirlo, muchos tenemos las llaves, damos vueltas,
si la llevamos medio regular limpiamos, si hay una gotera se las quitamos,
y eso lo vengo aquí, yo por lo menos aquí en mi casa vivimos bien,
no puedo fijarme, el médico hace un año y pico,
que como vine al médico y no habíamos aquí gente en la consulta,
pues dijo, ¿para qué vamos a venir aquí? Claro, sin muchos días venimos y no hay nadie,
bueno, van ustedes a el pueblo cuando estén malos y lo visitamos y ya está,
lo que vamos a hacer, pues nos parece bien, ayuntamiento,
y ustedes tenemos nuestra agua, nuestra lujo, buena lujo, nuestro teléfono,
que queremos más y vivimos el mismo en el pueblo,
porque lo que pasa es que aquí no hay bares, que la juventud no quieren las que los bares,
y hoy mismo sabe que este mundo puede y tienen la vivida en su casa cerveza,
lo que les petezca, y ahí en el pueblo claro hay bares, y aquí pues no hay,
y la juventud pues no quieren nada más que tomarse una caña a los bares,
cascas con amigos, cascas con otros, y esa es la vida de aquí de la aldea,
que se han enotado al pueblo, estoy viendo casas aquí,
estoy en el martes para los viejos, para gente que quiera tranquilidad,
aquí vivimos como, hablando malamente, como nos de la gana, a ver, claro,
esto muestra que en un ardeas que no se mete nadie con nadie,
ni hay perea, ni hay robo, ni hay nada,
bueno, yo muchas noches me llevo el coche abierto, que se me olvida,
yo me he dicho también que haces los parros,
son muy pequeños, es decir, son muy pequeños,
¿qué? ¿qué?
¿qué es tu?
¿qué es muy pequeño?
¿qué es tu?
¿qué es tu?
¿qué es tu?
¿qué es tu?
¿qué es tu?
¿qué es tu?
A Toya, en invierno, ya no llegan ni vendedores ambulantes como nuestro tiempo,
para proveerse, hay que subir a comprar a peales,
y una vez que otra vez se acercan hasta Ubera, que se busca algo más propio de una ciudad.
El pueblo sube en para estrepirse en una buena temporada,
o acercarse a la ferretería, a la carnicería, al horno, a la casa del oro,
pero compran rápidamente y vuelven junto a la chimenea de casa,
porque el invierno aprieta con el frío azul.
Así que, cuando llega la primavera,
Toya rompe una explosión de colores, de colores y bullicio.
Quizá algún turista distraído,
llegue a Toya en busca de vestigios de lo que fue la Ardea,
pero pasan rápidamente,
y otra vez en la Ardea se envuelven el silencio y la soledad.
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