Esta es la gran montaña de la que sabraba, así no puedo ni hablar.
Subir al pico Lenin, cuando Kiko y Raúl me propusieron esta empresa, la carga de motivación fue espectacular.
Después de esto ya está todo dicho, pero detrás de esta breve estancia, 7.134 metros, hay toda una aventura que merece la pena ser contada.
Y a primeras horas de Moscú de Pú, muy bien, muy bien, muy bien, muy bien, vamos a buscar a Raúl que se nos ha escapado en busca de rubias peligrosas.
Moscú, nuestra primera escala internacional, desgraciadamente un mero trámite en el espacio y el tiempo que disfrutamos en su justa medida.
Pronto dejamos la capital rusa y nos sumergimos en Asia. Esto es Os, al sur de Kyrgyzstan, una república soviética en Franca de Cadencia,
aunque con un tremendo potencial desde donde se mire.
Este trastonaranja va a ser nuestra primera gran aventura asiática. Con este arcilugio llenamos el depósito de combustible y empezamos a tirarnos.
El discreto camión nos traslado hacia el sur a una curiosa anti-velocidad que nos permite apreciar los imponentes paisajes Kyrgyz, sus gentes y su forma de vida.
Pero sobre todo, la inmensidad de este territorio.
Más de una ocasión no es la montaña donde nos jugamos el cipo.
Este es el campo base, estamos a 3.800 metros. Aquí comienza el extraño proceso de aclimatación.
El material, descansamos y empezamos a tener conciencia del sobrecogedor espacio en el que nos vemos inmersos poco a poco.
Erociamos con los nativos el transporte de material hasta el campo 1.
El traslado de cada kilo hasta el siguiente campo cuesta un dólar. En esos bidones llevamos 67 kilos.
Cerramos el trato y nos ponemos en marcha.
Parte de los vartulos los llevamos a nuestras espaldas. El peso y la altura nos ralentizan la marcha considerablemente.
El extraño proceso de aclimatación. Este collado es el paso del extranjero. Es la transición entre el valle y la zona glaciar.
Desde enclave divisamos el mundo de roca, hielo y nieve que nos aguarda.
El picolenin toca el cielo ante nuestros ojos. La estadística asegura que solo uno de cada tres montañeros logra poner los pies en su cima y alzar los brazos cerca del cielo.
Algunos están más contentos que otros de estar en el campo 1. Nos encontramos a 4.400 metros y la salud empieza a ser un bien escaso.
Rosa de Madrid y me voy por las patas abajo de una manera terrible.
¿Qué es pasando?
Hola, ¿qué sacaba, Emma?
Ahora, ahora voy.
Yo soy Rosa de Madrid. Llevo dos días potando. No tengo ganas de comer, no tengo ganas de beber, no tengo ganas de nada.
Nada más que de morirme. Llevo uno de casa.
Buenos días.
Buenos días.
Slava.
Yo soy Eva de Madrid. Tengo una diarrea que me muero y no puedo dormir.
No, no.
Sí, sí, sí.
Vamos a ver esa alicante, hacemos la paillita.
Buenas, yo me llamo Ramón, soy de Lérida y estoy con una diarreta y fiebre a tope, que ya veremos.
Esto mejora, esto mejora.
Pues nada, como todos aquí con dolor de cabeza a 4.200 y con el estómago suelto.
Machote de Kiki.
Pues nada, aquí con un corto digestión que me da hasta mañana y aquí estamos.
Yo tengo...
Y hasta que no se me pase pues no voy a ningún lado.
La Yurta es el centro neurálgico de este campo.
Casi de Kyrgyzstan.
La comida hacia amigos.
A cada uno nos espera una aventura diferente.
Un saludo.
Llevamos muchos días de expedición y unos 4 en alta montaña.
A partir de ahora progresar es cada vez más difícil.
Vemos el trazado de la ruta.
Los compañeros de la Yurta repasan el recorrido en lentas cordadas camino de la cima.
¿Veis eso, Serax?
Cuentan por aquí que estos son los restos de un tipo que cayó en una grieta hace más de 40 años.
Ha viajado frío y en silencio hasta que el hielo le ha devuelto a la superficie.
La estrategia ha sido subir y bajar del campo 1 al 2 para climatar y llevar algo de material,
para conocer el terreno y divertir el elimismo.
La estrategia ha sido subir y bajar del campo 1 al 2 para climatar y llevar algo de material para conocer el terreno y venir para intimar con la montaña para saber si eres bienvenido.
Después del campo 1 hay otros tres campamentos antes de la cima.
Pasamos por dos establecidos, el campo 2 a 5.364 metros, el campo 3 a 6.158 y finalmente ubicamos el cuarto y último a 6.300 metros.
Menos 5 grados y son...
Ustia, eso también es otra. Aquí el moquillo se te cae rápidamente por cualquier tontería.
Tiempo empeora y nos retiene hasta 3 días enjaulados en la tienda.
Hasta que una ventanita de buen tiempo me deja salir. El resto ya lo conocéis.
Hola, Jaime, Marcel y Guillermo. Está en la gran montaña de la que se hablaba. Así no puedo ni hablar de frío.
Un pedazrete, pero hace frío. Habéis visto que alta todas las nubes por ahí detrás. Es una pasada. Es una pasada.
A un día vamos a veris todos y vamos a estar por aquí arriba un rato. Los quiero cachotas, el nuevo.
Hemos pasado más de cuatro años desde que regresamos de Kyrgyzstan y desde entonces ni un solo día he dejado de pensar en todo lo que ha rodeado a esta breve estancia más de 7.000 metros.
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