Desde que pusieron ustedes dos la fecha de su matrimonio, desde que subrayaron o pusieron
en un circulito en el calendario, la noche de hoy, el día de hoy, empezó propiamente
los preparativos a todo lo que supone una ceremonia, una noche, una velada como esta.
Marco nuestro Señor te hace en él el regalo más grande de tu vida. Tienes que estar a la
altura de este regalo, tienes que estar a la altura de este corazón que te admira,
que te quiere, que se enamoró de ti, que se enamoró de tus cualidades a pesar de tus defectos,
que se enamoró de todo lo que significas y de todo lo que eres capaz de ser, de soñar,
de proyectar. Estate a la altura del corazón que Dios te ha regalado como la gran compañera de tu vida.
Yo Marco te acepto a ti, Elva, como mi esposa y prometo serte fiel en lo próspero y en lo adverso,
en la salud y en la enfermedad, llamarte y respetarte todos los días de mi vida.
Yo Elva te acepto a ti, Marco, como mi esposa y prometo serte fiel en lo próspero y en lo adverso,
en la salud y en la enfermedad, llamarte y respetarte todos los días de mi vida.
Cada noche, Elva, cada noche nuestro Señor te pedirá cuentas también de las decisiones
que tomes para tu matrimonio con Marco. Aconcéjalo, ciertamente, pero deja que también te aconseje,
deja que también te conduzca, deja que también te sugiera, deja que también te corrija.
En un matrimonio se necesitan los dos.
Yo Elva te acepto a ti, Elva, como mi esposa y prometo serte fiel en lo próspero y en lo adverso,
en la enfermedad, llamarte y respetarte todos los días de mi vida.
Cada noche, Elva, cada noche nuestro Señor te pedirá tu matrimonio con Marco.
