Os preguntaréis ¿Quién soy yo para hablar de felicidad?
La verdad es que no soy nadie, pero puedo contaros mi historia.
Sabía que había otros caminos diferentes, sin dibujar.
Y a pesar del miedo, tome el mío.
Un camino de libertad.
Y para ello te construí.
Un camino para entender qué sienten, quienes no se parecen tanto a mí.
En el que conocer infinidad de lugares.
Y compartirlo contigo.
A mis dos.
A mis 60 años podría contaros muchas historias.
Pero voy a empezar por la primera.
Una que empieza con un viaje de tres meses.
Nosotros, una furgoneta.
Y pía, mía y no ha.
No os la cuento porque fuera la primera,
sino porque determinó la dirección del resto de nuestra vida.
Juntos descubrimos que la felicidad está ligada a nuestras relaciones.
Con la naturaleza, sus animales,
quienes también quieren ser libres.
Y con las personas,
ligadas a sencillos conectados con el mundo.
A vivir el momento, cada detalle.
Disfrutando de lo sencillo.
Ligada a sentirnos libres.
Descubriendo y explorando nuevos lugares.
Lugares mágicos que aún existen.
A ayudar nuestra vida de personas buenas.
Compartiendo lo que nos apasiona con ellas.
Aquello que hace que nos sentamos vivos.
¡Aquello que hace que nos sentamos vivos!
A sentirnos niños de nuevo.
Y a apreciar de la vida, lo que ahora tenemos.
Ella ya no está.
Pero sé que mientras yo la mantenga viva en mi recuerdo,
seguirá esperándome para volver a empezar.
All these walls, all these walls.
