Gracias por la invitación, voy a empezar con algunas precisiones o advertencias. Primero
de tipo práctico que un poco también hizo la señora. En primer lugar, este es un tema
que lleva muchos años de discusión, de experiencia de muestra que difícilmente quienes tengan
posición a su vida, la vayan a cambiar con el motivo de un debate o una discusión. Eso
es un dato de la realidad, no por ello significa que todas las precisiones son iguales en que
no haya argumentos y que no haya aciertes. Pero es un dato de la realidad. También es
un dato de la realidad que este es un tema que toca realidades muy profundas, en muchos
casos muy dolorosas, muy emotivas y eso también favorece, muchas veces que las discusiones
se sacan un poco del cauce y sean pasen de la intensidad a la animosidad, cosa que hay
que tratar de evitar porque no ayuda. Porque muchas veces además hace que los debates
deriven, después se hace a temas que no son lo que es fondo, sino políticos o religiosos
y materiales. Y una última precisión en el campo de lo práctico, si bien los temas
o elementos acá son en su mayoría bastante simples y fáciles de interpretar, eso nos
diste a que las situaciones reales, y por lo que los elementos suelen ser muy difíciles
de entender y de compartir. Alguna distinción es ahora de fondo. La primera, mi juicio es
que hay abortos y hay abortos. No todos son iguales. Hay inclusive como, digamos,
clasificaciones o catalogaciones que muy rápidamente podemos ver para intentar explicar
qué es lo que quiero decir. Estamos abortos llamados de conveniencia, abortos por motivos
sociales, económicos, a partir de un embarazo deseado. Hay abortos a partir de un embarazo
no deseado, por caso más clásico, a estudios y de las violaciones. Hay abortos que se
llaman perapéuticos para salvar la vida de la madre. Y hay abortos en caso de deformaciones
o de enfermedades. Son situaciones distintas, adelante de ella, que es la del aborto
perapéutico, es aquella en la cual yo tengo menos resistencia a la de penalización,
a consideraciones especiales, mucho menos que nosotros. Quiero que también hay que distinguir
el aborto del tema de la penalización o de la penalización. Obviamente que son cosas
vinculadas, pero no son coextensivas, no es lo mismo. Y yo voy a tratar de hablar de una
primero y de la otra después, porque los argumentos reitero no son lo mismo.
Otra intención que creo que es importante hacer a los abogados, quizás sea más común,
es que una cosa de la existencia de un derecho y otra cosa es donde se unica ese derecho
jerárquicamente frente a otros. Y si en todas las situaciones esa jerarquía se mantiene
o no se mantiene. Estrellamente vinculada con esto, cuando uno enuncia principios,
en caso por ejemplo un mal del aborto, tiene que después llevarlos a la criminalidad para ver si
lo que parece tan claro y tan válido acá lo va a hacer un principio general en todos
los casos. Definitiva defender o atacar el aborto significa tener la jerarquía de valores
y de derechos que tiene que ser coherente para eso y para otras cosas más.
Otra intención que es muy importante, una cosa es juzgar el acto, algo que todos debemos hacer
y asociar a su conjunto, porque no todo va y viene igual, de juzgar a la persona.
Uno debe tener el criterio para ubicarse frente a un hecho si el hecho está bien o si está mal.
Eso no equivale linealmente desde que la persona en contra del hecho es buena o es mal.
Es una cosa muy distinta.
También creo que es importante tener presente algo que nos vamos a poder centrar en el tema,
pero el aborto importante como es forma parte de un contexto mucho mayor en la cultura contemporánea
que se llama la Sociedad de Podermas, que se supone que nosotros lo somos también.
Es muy digno, no hay tiempo para ver todo lo que juega de su conjunto,
pero es muy difícil desligar el tema del aborto, de lo que es el tema del sentido del ser humano,
el sentido de la sexualidad, el sentido del amor, el sentido de la vida.
Fuera de contexto, el aborto tiende a distorsionarse en su visión.
Hay un reclamo muy fuerte que mira el aborto desde la óptica de la mujer y es comprensible,
pero al hacerlo muchas veces cae en la misma cosificación del hombre que cosifica a la mujer de su visión sexual.
Sobre esto vamos a ocupar.
Voy a dar mi posición sobre este tema, porque sea particularmente brillante si no por usted invitarlo a mí,
pero además para resaltar que es la mía, yo no estoy acá en la presentación de nadie,
ni religión, ni partido político, es mi opinión, no vale más que eso.
Me parece que es útil empezar una aproximación por el sentido común,
y por aspectos, digamos, simples, básicos, que nos dice el sentido común,
que acá hay algo muy complicado y muy profundo,
si uno simplemente analiza las posiciones de las personas que defienden el aborto,
defiende la desperinización del aborto,
va a haber que en todas ellas hay requisitos, hay condiciones, hay caveats,
eso significa que algo de fondo hay, no estamos ante la discusión de una mera intervención quirúrgica,
acá hay algo de naturaleza diferente.
Y el punto de partida mi juicio en el abordaje de este tema es muy simple,
es la pregunta de si hay vida o no hay vida, porque si hay vida abortar es fatal.
No quiere decir que la muerte, en algunos casos, no está notificada si puede estar,
pero vamos a empezar la discusión siguiendo el íter o recto,
entonces vamos a discutir si matar en esta situación o en aquella situación tiene o no tiene justificación.
Porque el hecho de que la vida empieza en el embarazo y sigue linealmente sin ningún cambio cualitativo
en el nacimiento es una cosa que está probada, ahí no hay discusión.
Después entrará la discusión sobre la muerte, pero no que eso implica matar.
El punto siguiente en este camino es preguntarse,
¿quién tiene derecho a disponer de esa vida?
Nosotros vamos a admitir que haya vidas que están en manos del tercero.
Y siguiendo por este camino entonces tenemos que ver si el matar puede estar notificado y en qué casos lo estaría.
Y acá la pelota pasa a la otra cancha, a la cancha de las defensas de la vida.
Pero de su modo se dividen en dos campos, los que sostienen efectivamente,
se habla de interdicción, de una manera mucho más fina de hablar del tema,
porque efectivamente hay que cortar la vida y las que consideran otros temas, otros derechos.
Entre las que consideran que está justificado cortar la vida y matar.
Están quienes sostienen que hay una diferencia sustancial entre vida y persona.
Que la persona tiene derechos, pero la vida no los tiene.
Y otras posiciones muy similares que les podemos ver,
de que, por lo tanto, la mujer tiene derecho y la libertad de hacer lo que quiere que ella pueda.
Esta es la distinción fundamental.
Hay realmente una distinción entre vida y persona.
Si la hay es conceptual y la hacen otros, ergo otros,
son los que resuelven si va a haber vida o si se va a matar.
Porque en ningún momento desde la concepción hasta el nacimiento
hay un hecho cualitativamente distinto, probado y probado, que dice,
hasta acá había vida y acá era donde empieza a haber persona.
Por eso que entramos en todas esas discusiones del aborto,
hasta los tantos días sí, de todos los tantos días no.
Salvo que se pueda probar de que en cierto momento el embarazo de la mujer,
lo que lleva a gente, pasó de vida a personas.
Estamos ante una situación en los principios que existan.
Estamos ante la muerte.
Esa muerte se puede justificar.
Es distinto.
En algunos casos sí se puede justificar.
Pero entonces estamos...
esa vez no de eufemísticos.
Interrupción del embarazo, toda la impresión como que emprende a pagar una luz.
Se apagó y se apagó.
Y recordemos, y termino,
que en esa línea desde el momento del embarazo,
lo que la mujer lleva en su cena,
siempre es una persona.
No es que no sabe lo que va a pasar.
Que no sabe ahí qué es lo que va a suceder.
Siempre es una persona.
Siempre en día que nació y siempre para atrás.
