Vamos a construir una casa de nieve más conocida como iglú, una estructura asociada
a la cultura esquimal. Todo aquel que haya tenido que pasar la noche a la intemperie
en un terreno gélido sabrá apreciar esta técnica de supervivencia. Ya se en forma
de madriguera, cueva, trinchera o iglú, la nieve será nuestra mejor aliada para sobrevivir.
Con cualquiera de estos, sobre todo un iglú, si están bien construidos mantendrá una temperatura
bastante estable y no inferior a cero grados y nos aislarán del viento, lo cual nos permitirá
llevar un saco de menor envergadura y prescindir de la fundadividad, es decir, ir más ligeros.
Manos a la obra. ¿Qué necesitamos? Con al menos una pala tendremos suficiente. Si
hay varias y algún que otro piolet iremos más rápidos. Una sonda nos puede ayudar a
valorar la profundidad y tipo de nieve. Y un maestro de obras, por supuesto, la coordinación
es fundamental. En primer lugar, elegiremos una superficie de 2 a 3 metros de diámetro,
al menos que podamos dormir estirados. Podemos escapar un agujero inicial de estas dimensiones
para ganar algunos centímetros de habitáculo. Apelmazaremos la superficie del iglú y comenzaremos
a levantar las paredes. Junto al vivac estableceremos la cantera, el lugar de donde extraeremos
los bloques de nieve compactada o hielo. Si la nieve no está transformada, consejamos
compactarla con esquiz, raquetas, la pala o apatadas. Si estuviese muy dura o helada
recomendamos el uso de una sierra de podar de mano. Debemos prever esta situación y
contar con esta herramienta previamente. Los bloques pueden ser de 2 x 3 o 2 x 4 palmos
aproximadamente, aunque cuanto más grande es mejor, antes acabaremos. Emplearemos menos
piezas y será más fácil compactarlas. Los manuales esquimales de construcción dicen
que los bloques han de ser de menor a mayor tamaño y han de colocarse en espiral hasta
concluir en la cúpula. Esa es la teoría, lo ideal es que estos ladrillos sean lo más
regular es posible, aunque sobre el terreno casi todo vale.
Levantaremos las paredes y iremos estrechando el círculo hasta llegar a la bóveda. Con
las manos protegidas por los guantes completaremos con nieve los huecos entre los bloques y los
frotaremos fuertemente para compactar y soldar las piezas. El cierre del refugio es quizás
lo más delicado y la dificultad aumenta con el tamaño del vivac. Procuraremos contar
con la máxima mano de obra en este momento. Hay que sostener los bloques mientras se
van rellenando sus huecos y soldando a base de fortamiento.
Finalmente cerramos la cúpula. El iglu está casi construido. La puerta no es un simple
agujero en un lateral, debe de estar orientada a sota vento y aconsejamos que esté flanqueada
por bloques de nieve de tal forma que se cree un túnel de entrada lo menos expuesto al
viento en el que colocaremos las mochilas a modo de portón. También recomendamos perforar
un par de orificios con el piolet en la parte superior del iglu. Estos permitirán la evacuación
de los gases que puedan producir ornillos, velas y el propio ser humano.
Lo conseguimos y ahora a pasar la noche. Y ya está, un vivac protegido del viento con
una temperatura constante que nunca bajará de los cero grados. Un lujo en alta montaña.
Y unos consejos para terminar. Para pasar una noche confortable procurada a islaros del
suelo, con esterillas, la cuerda, la mochila. Y si no se tienen estos elementos, sentados
en el centro, separados de las paredes y lo más pegaditos posible.
Recuerda, ayúdanos a hacer las montañas más seguras.
