Yo diría que es una especie de reflejo a veces de lo onírico,
lo que está ligado a los sueños y a veces es un reflejo de la realidad.
Y es algo que también como tiene como algo, un magnetismo que atrae a millones y millones de personas.
Para mí el cine más que nada es un entretenimiento, una familia.
Me gusta mucho hacer cine de la inerción, el pocho clero, como le dicen también, sino me aburro, me aburro mucho.
Básicamente durante dos horas hay otra persona que piensa por vos, te dice dónde tenés que llorar,
que en parte es emocionante, dónde te enojas.
Básicamente le prestas la conciencia al director, le decís tomar, usa la voz, devolvéme la dos horas después,
es como un mini lavado de cerebro, porque cuando uno termina de hacerlo,
lo convencieron de que uno cree lo que le dijeron que tenía de gran.
Si uno va al cine o al teatro o alguna diversión,
digamos, tenés que estar con la mente despejada, si tenés que ir a pensar mucho, ya es un trabajo.
Interiormente yo me siento un artista, puedo interpretar tanto el papel cómico como el papel dramático.
Por ejemplo, en un papel de Aramañani que ella está casada y sale con un chico más joven,
yo me siento identificada que yo puedo hacer el mismo papel, porque toda mi vida soñé con ser artista.
Para mí, la escena más impactante es el padrino a tres cuando le matan a la hija.
En ese momento, cuando pega el disparo que viene de acá, de este lado, le pega a su fía cópula,
que se cae de alguna manera, se cae acá, se tira.
Para mí el cine es una conjunción de escenas y una conjunción de situaciones que a veces son reales
y abstractas y en mí, en mi esencia, en mi persona particularmente,
todos los días requieron algunas escenas cinematográficas para jugar hoy bien.
