Buenos días en Bangladesh. ¿Qué tal?
Hace mucho calor hoy, un día más, y vamos a comer desayuno.
Qué rico, ¿no?
Es muy rico, porque aquí la comida es mi variada.
¿Y a qué llevas comiendo trece días?
Llevo comiendo trece días.
Vale.
Tortitas.
Tortitas, porque el resto, como es un curry muy fuerte, me da calor.
Pero hay que reconocer que tienen comidas variadas, no salen del curry, pero tienes
curry con corn y curry sin corn, la verdad es curry.
Borisal es una de las ciudades más pobres del país, y era para nosotros una parada obligada,
pero tan solo de paso en nuestro regreso a Dhaka, sin embargo se convirtió en una de
las sorpresas del viaje debido a la hospitalidad de sus ciudadanos.
La primera sorpresa a su puerto pesquero, cuyos barcos en forma de cárabe la se apelotonaban
en un pequeño puerto para descargar su mercancía.
La actividad era tremenda, hasta llegar a ser agobiante, y los gritos de los ubastadores
en sorvecedores.
Apenas había sitio para moverse, los compradores se arremolinaban en torno a las montañas de
pescado, comprando cestos de 20 kilos.
Los porteadores con sus canastas vacías saltaban al interior del barco y salían al cabo de
unos segundos con esos mismos cestos sosteniéndolo sobre la cabeza, pero esta vez llenos de pescado
refrigerado.
Avanzaban a lo largo de la calle, y siguiendo una regla desconocida para nosotros, vertían
el contenido en el suelo, unas veces en un sitio, y otras en otro, pero siempre junto
a enormes básculas romanas, kilos y más kilos de pescado eran descargados a un ritmo
sorprendente.
La zona de la que estamos es un poco de desagüe de todos los restos de pescado o de escamas,
así que con el calor, la humedad, los insectos se lo pasan chupi.
Nunca había andado entre gusanos, los estoy explotando y noto crack, crack, crack.
Procedemos al secuestro de Rá, ahora me lo llevarán a tomar un té, obliquo, un té
que nos ha invitado al té, a saltamento de pértiga, pero intuimos que vamos a ir, hay
una barca empujada por este bambuque que acaba de comprar, para ir a una barca mayor, intuimos
porque no hablan ni una palabra de inglés.
Llegamos a los astilleros donde estaban construyendo un par de barcos que pasajeros de lujo, que
en un futuro próximo recorrerán los numerosos y caudalosos ríos del país.
Como no podía ser menos, la fabricación era Madin Banglades, es decir, más mano de
obra que maquinaria.
Está aquí arriesgando la vida, es peligroso la verdad, estamos encima del barco, no
sé cuánto altura, pero parece que el chabán lo ha conseguido.
Una vez arriba, el encargado nos enseñó su carguero, y se prestó a mostrarnos el
interior de un barco de pasajeros que estaban construyendo justo en frente, ya cuyo armador
conocía, pero antes debíamos mojar.
Bien, más bien, ya le vas cogiendo, ya si te caes no te matas, ya puedes saltar.
De mano de nuestro guía recorrimos todas las estancias del barco, el armador disfrutaba
contándonos las comodidades y los avances tecnológicos de los que disponía el crucero.
Que nos hemos vuelto a meter en otra embarcada, eso lo habíamos ido a la tienda a despedirnos
y hemos vuelto al barco y ahora estamos en la casa del Gercé para beber unos cocos, que
nos han traído aquí a la casa del Gercé, y son las 12 menos 10 y a las 12 tenemos que
hacer el checkout de los cocos, que los están partiendo por ahí, a ver si lo enfocamos.
Bueno, después de ver la casa del Gercé, ahora nos ha llevado a su casa y no sé cómo
terminar aquí porque son las 12 y media, este que se ha obsesionado con lo del hotel y el
resto por disfrutando como van a meter se puede, sí saluda, que estás ahí, hola, ya habrá
ido a porté, ahora no iba a porté, y eso ya espera como no sabemos nada más, todo
improvisar, seguimos, mientras tenemos a la gente esperando la puerta, mirando, ha venido
allá, y ahora en otro sitio, ¿no?, en otra familia, sí, que no sé, y son las 14, y aquí
seguimos, en otra casa, con otra familia y otra gente, comandote al chanato y ahora nos
vamos a ir, si es posible, para el hotel, ya estamos sacando, nos llevamos al pueblo,
y ahora vamos a sacar una foto, y ahora, ¿qué estamos haciendo, entonces, al final?
Ya hemos conseguido llegar al hotel y coger las maritas, y hemos conseguido invitar a
nuestro día a comer, pero les ha costado, pero le ha costado, le ha costado aceptar
la invitación, vamos a caminar aquí, en un restaurante, si no, en el River Cafe.
Al aterrizar nos despedíamos de nuestro nuevo amigo Bengali paseando por el malecón, antes
de embarcar de nuevo en el rocker steam, para ir a la capital.
Nada, ahora me haré en el lavabo del camarote, para no tener que salir fuera y tener que
ir abajo a la Renault, que llevo aquí 20 días, que me quedan todo aburro, aburro, aburro.
