Al igual que en la vecina india, las estaciones de tren son un submundo dentro del mundo vengalí.
Uno puede simplemente sentarse en cualquier estación de tren y disfrutar.
Y si no, no es lo que es.
No es lo que es.
No es lo que es.
No es lo que es.
No es lo que es.
No es lo que es.
No es lo que es.
No es lo que es.
No es lo que es.
No es lo que es.
No es lo que es.
No es lo que es.
Por lo que es.
¡A dónde va! ¡Vamos al puerto para coger el barco!
El puerto de Sagardat está ubicado en el sur de Dhaka, en el río Buriganga, y es el lugar
más dinámico de la ciudad. De hecho, es uno de los puertos fluviales más grandes
del mundo. Doscientos barcos salen cada día de sus muelles y el número de pequeños botes
es incalculable. Una media de 30.000 personas usan diariamente sus instalaciones. Uno puede
quedarse durante horas innotizado por el ir y venir de barcos y pasajeros. La actividad
es constante y frenética, es la hipervole del ruido. Puede no sonar muy abstractivo,
pero es la esencia de Dhaka, el corazón de la ciudad, y una visita obligada si uno quiere
conocer la realidad Bengali. Cada día son más frecuentes la presencia de grandes barcos
de pasajeros de cuádruple cubierta, blancos inmaculados y recién salidos de los astilleros.
Pero entre estos nuevos o gigantes hay un superviviente de otros tiempos, un barco que
resume el pasado fluvial de Bangladesh, el Rocket Steam. Después de casi 100 años surcando
los ríos de Bangladesh, los días de gloria de los 4 últimos románticos rockets parecen
contados. Mientras sus pequeños motores y palas están fallando, la competencia gana terreno
con medios de transporte más rápidos. ¡Buenos días!
¿Qué sueño más reparador? No, niñones, nada más reparación.
Ahora estiremos en estiradas de otro lado. Se van colocando láperas de brazo. Ahora se
van colocando. ¡Venga! ¡Ay, ay! ¡Avuelvo! ¡Estamos tratando este colchón! ¡Ah, me colchón!
A veces ser curioso es un error, porque uno descubre cosas, pues, como mi almohada y dices
ah bueno, qué fundita más maja mi almohada, pero claro, se mira al centro, pues la verdad
que está un poco de grima. Sin embargo, los barcos de vapor, ahora con
motor diesel, todavía tienen sus partidarios que ven en ellos la mejor manera de viajar
por los vios del país. Y la verdad es que están en lo cierto, son barcos espaciosos
y fuertes sin apenas vibración y con escaso ruido pudiendo navegar sin problema por aguas
poco profundas.
¡Ah, no! ¡Ah, sí, no! ¡Qué están metiendo! ¡Joder!
Pero estos aficionados no son suficientes para rentabilizar el coste de mantenimiento
de estos viejos barcos, y si persisten, se debe casi más a motivos sentimentales que
a los económicos. Cada día son más los lugareños que recurren a otros medios de transporte
para desplazarse. El turismo ya no es suficiente para compensar las perdidas económicas. Después
de transportar a unos 4 millones y medio de pasajeros, las mermas rondan los 13 millones
de vacas.
Aún así, todos estos problemas se olvidan cuando uno está adentro y se ve inundado
por sentimientos encontrados. El barco sufre de muchas carencias y el mantenimiento es
a todas luces insuficiente, pero a la vez se retrocede en el tiempo y se experimenta la
sensación de volver a la época del Raj Británico, cuando se utilizaban para ir y volver de calcuta.
De aquella época de esplendor tan solo quedan cuatro barcos en activo, dos de ellos fueron
construidos en 1929, mientras que los restantes se votaron en los años 40 y 50. Recorrer
los 350 km que separan Dhaka de Kulna suponen unas 12 horas de viaje. Son barcos capaces
de transportar entre 600 y 850 pasajeros. En 1985 sufrieron una profunda renovación.
Se cambiaron todas las planchas y se sustituyó el motor a vapor por otro diésel. En los
años 90 volvieron a sufrir una renovación, menor, que consistió básicamente en una
capa de pintura y poco más. Cada vez es más difícil y caro mantenerlos, ya que las
piezas de repuesto o son muy caras o sencillamente ya no existen.
Probablemente es el último vestigio de la herencia colonial, y a pesar de que hayan
perdido su antigua gloria, deberían revivir cuanto menos como reclamo turístico por el
enorme atractivo romántico que viajar en ellos conlleva.
