Fueron unos años de mucha lucha que no tienen los documentos para trabajar en este país,
entonces tienes que aguantar muchos abusos.
A medida que iba pasando el tiempo, el hombre ya exigía un poco más.
Siempre el hombre requería más, pero daba menos.
Los rufos y más de cinco pisos de altura sin protecciones, solamente atados con una cuerda,
como si fuéramos animales y agarrándonos con la mano.
Llegó un momento, después de cierto año, que ya de tanto abuso que tuvimos,
nosotros queríamos ya realmente tener un apoyo legal.
En la local 55, lo que es los labels, ellos nos explicaron muy bien las cosas,
todo lo que podía suceder, lo que no podía suceder, los que no teníamos documentos en ese tiempo.
Nos mandaron una carta con abogado para desalojo en dos semanas,
trabajando después de años echándonos como animal de la casa, con la familia, los hijos y todo, en dos semanas.
Y eso no era justo, eran muchos años. Muchos años fueron, tío, la verdad.
La verdad era que no tenía mucho apoyo.
Y no tenía mucho apoyo.
Ni una, los labels, fue apoyo total.
Yo ahorita me siento de que tengo una familia que me apoya aquí.
Mi situación de vida ahorita me cambió tanto porque tengo trabajo estable,
puedo tomar vacaciones y no tengo el miedo de que me van a despedir, que si me enfermo, pues tengo mi idea de enfermedad.
Tengo más tiempo con mi familia, en todo trabajo donde vaya, hay más respeto.
Fue una alegría, una alegría en un mes.
Es lo más grande que uno puede, un inmigrante puede llegar a pedir a cástas legalmente.
Y caminar con la cabeza hacia alta, en alta.
Nosotros tuvimos con la cabeza gacha por mucho tiempo.
Hasta que ya dijimos basta.
Para los que están temiendo de salir a la luz con lo del trabajo en los patrones abusadores,
no tengan miedo, sindicalícense.
Aquí tiene un ejemplo de que sí se puede seguir luchando.
Que sí se puede seguir luchando.
