¿Sabes qué es lo que me hace más feliz cuando vengo de trabajar?
Suelo cenar algo, pero no mucho, me reservo el hambre para mi vicio, tomarme un vaso de
leche fresca con galletas, pero no cualquier tipo de galletas y las originales, las que
no son ni bajas en azúcares, ni sin gluten, ni sin mantequilla o huevo, solamente son
galletas.
Es, es lo que me anima a trabajar todos los días, a estar de buen humor, es lo que me
da la felicidad, lo que me da la estabilidad mental que al final acabó todos los buscamos,
pero entonces algo pasó, de pronto llegó ese punto de inflexión que hace que se
te revolva la tripa, que hace que se te caiga el mundo encima, se habían terminado las galletas,
tenía que ir a comprar más, así es como unas simples galletas pueden llegar a poner
tu mundo a tasa arriba, fui al supermercado de toda la vida en cuanto pude, empeé con
la alegría de cuando un niño entra en una juguetería o una heladería, pero esa alegría
no tardó en desaparecer, busqué las galletas, las busqué, las busqué, y las busqué, pero
no había manera de encontrarlas, fui a otros supermercados, fui a muchos otros supermercados,
pero en ninguno encontré mis galletas originales, siempre me decían, solo galletas sin mantequilla,
sin huevo, solo galletas sin gluten. Al final me derrumbe, no podía más, ¿en qué clase
de mundo estaba viviendo? ¿Por qué no se podían hacer unas malditas galletas normales
con sus excesos de azúcar, mantequilla, su huevo, su gluten? ¿Por qué me obligaban
a comer más sano? Ya nada tenía sentido. Entonces, señor, ¿se encuentra bien? Simplemente
tráigame un vaso de leche fresca. ¿Fresca? No tenemos, pero tenemos leche en baja en
sodio, leche servida y desnatada, leche desnatada, sin lactosa, con omega-3, con fritos esteroles,
sin quesidad en calcio.
