Bueno, nos conocimos en el próximo vídeo y nos vemos en el próximo vídeo, ¡hasta la próxima!
Bueno, nos conocimos en el Instituto Padre Suárez, los dos en el segundo bachillerato.
El destino hizo que nos juntasemos los dos en la ciudad de Granada,
que en el primero bachillerato ni nos vimos en las caras,
y en segundo nos cambiaron de clase y coincidimos en la misma clase.
Y en una clase de francés se sentó de tranvía en el hipófito.
Y nada, en una clase de francés ya estaba organizando una quedada por la tarde con unos amigos.
Y me preguntaba directamente, ¿tú vienes?
En la tarde.
Y yo me quedé un poco para ahí y dije, bueno, pues ya veremos,
y ya insistió directamente, no, no, tú vienes, seguro.
Y le obligué a venir a las puterías con el grupo de amigos.
Y una semana después estábamos ahí.
Me pidió matrimonio el 18 de octubre del año pasado del 2013.
Que coincidía con nuestro 11 a 1 aniversario.
Fuimos a comer, a celebrar el aniversario,
y cuando terminamos fuimos a tomar unas copas a un hotel de Madrid
que tiene un mirar unas vistas preciosas.
Y estábamos tomándonos las copas hoy, que vistas más bonitas, que preciosos.
Y cuando me quise dar cuenta de que la cabeza tenía la caja con el anillo.
Y me dijo que sí me quería casar con él.
Y, obviamente, después de tanto tiempo juntos,
y todo lo que me ha aportado, le dije que sí.
Y, bueno, pues la verdad es que se lo organizé bastante bien.
¿Qué deseo decirlo?
Y cuando volvíamos al ascensor,
tenía la puerta abierta de la suite del hotel.
Y nos quedamos ahí esa.
¡Frecioso!
Y dijo que sí, claro.
Por eso está mal.
Cristina, recibe esta alianza en Señor de mi Amor y de mi Dasi.
En el nombre del Padre, del Hijo y del Cienzo.
¿Qué me hace mejor persona?
Me aporta todo lo que a mí me falta.
Su ánimo, su alegría, su vitalidad, su energía.
Suena muy típico, pero todo.
La tranquilidad que me aporta.
Lo que me comprende.
Lo que me tranquiliza y lo que sabe contenerme.
Lo seguro que me aporta.
Lo que me aporta.
Lo que me aporta.
Lo que sabe contenerme.
Lo seguro que me hace sentir.
El despertarme día a día a su lado.
El ver su cara de enfado cuando le sienta algo mal de lo que hago.
Digo.
Pero luego enseguida, cuando empiezo con la tontería,
les haré la residia.
Del día de hoy, estoy echando que llegue,
verla a aparecer por la iglesia.
Y allá por la puerta, acompañada por el espalm.
Estoy tranquila, estoy feliz.
Solo quiero llegar a la iglesia para verle al final del pasillo en el altar esperando.
Francisco, recibe esta alianza en el señal de mi amor y de mi madre.
En el nombre del padre y de mi hijo.
El Señor confirme con su voz a vos,
este consentimiento vuestro que habéis manifestado ante la iglesia.
Dios acorde su copiosa bendición,
de tal manera que lo que Dios ha unido, que no lo separe.
El primer beso fue en un callejón de Gas del Instituto,
en la hora del recreo.
Y me pidió eso, porque me gustaba mucho y quería salir con él.
Y nos dimos lo que se puede llamar si es un primer beso en el que se chocaron los dientes.
Y fue un desastre, pero fue lo más bonito que me ha pasado en la vida.
¿Quién nos iba a decir a nosotros ese 18 de octubre, el 2012,
en el recreo del instituto, que casi 12 años después,
estaríamos vistiéndonos de novios para seguir nuestra vida juntos?
En el Cruce de Caminos, de almas que se encuentran,
él, Francisco y ella Cristina, nos convocan hoy en la Casa de Dios
para hacernos partícipes de su matrimonio.
Familia, amigos y los que reunidos en la vida eterna
presentes están en nuestros corazones.
11 años atrás en Granada, ciudad que los presentó,
fue Francisco con su serenidad, sentido de la responsabilidad,
sus muestras de cariño y atención,
quien conquistó a Cristina por su alegría, sus detalles,
su espíritu luchador, entusiasmo y, por supuesto,
su eterna sonrisa.
De ahí, un camino de esfuerzo y distancia,
de intenso estudio buscando un porvenir
y, sobre todo, de querer seguir juntos.
El verle llegar del trabajo y que no se le olvida cada día
abrir la puerta y darme un beso cuando entra,
y el tenerlo cerca, tenerlo cerca y sentirlo
y el cómo se vuelca conmigo.
Fue Madrid quien les acunó,
lugar donde deciden un compromiso como pareja
y la ilusión de formar una familia
a quien poder transmitir un legado de fe y valores
como a ellos les inculcaron.
Cristina, ¿quieres ser mi mujer?
Sí, quiero.
Francisco, ¿quieres ser mi marido?
Sí, quiero.
Cristina, yo te recibo como esposa
y prometo amar tecialmente durante toda mi vida.
Francisco, yo te recibo como esposo
y prometo amar tecialmente durante toda la vida.
Deseándoles una vida plena de respeto,
superación, ilusión y de crecimiento,
sean por siempre fiel reflejo del amor
que Dios nos tiene a todos
y que aquella flor que un día se agarró a la tierra
creció y floreció a pesar de las tempestades,
permanezca viva, así como el amor
que nos requerió de instituto cuando eran niños les unió.
Bueno, cariño, pues que estoy encantado de que haya llegado este día,
de que lo hayamos conseguido juntos
y que estoy deseando de que empiezo a estar en una etapa
y que lo vamos a hacer muy bien
y lo vamos a entrar con el piedra hecho.
Gordito, te quiero.
Sabes que este día era mi sueño desde hace mucho tiempo,
son casi 12 años juntos
y mira, decidad de blanco,
esperando que llegue por fin el coche
para llevarme al altar que estoy deseando verte
y solo te pido que me deje seguir compartiendo
el resto de los días con ti.
Te quiero mucho.
